Vuelve “Twin Peaks”, vuelven los demonios cotidianos

El 21 de mayo regresa la serie de David Lynch y Mark Frost. Sacudió la televisión hace 27 años, y lleva sacudiendo cabezas desde entonces

GUILLERMO HORMIGO, Madrid

En varios momentos del recién estrenado documental David Lynch: The Art Life, el cineasta de Missoula se concentra frente a sus inclasificables e inquietantes obras pictóricas, mientras su hija de tan solo cuatro años revolotea curiosa por el espacio. Lo onírico en el lienzo,  lo cotidiano -y no por ello menos bello- alrededor. Una buena síntesis del propio Lynch, quien pese al constante análisis que suscita, se muestra sencillo y evita darse trascendencia en sus intervenciones públicas. Y también de lo que el responsable de Terciopelo azul crea en muchas de sus cintas, en las que los sueños trastocan y transforman la aparentemente apacible vida de sus personajes. O más bien sacan a relucir lo que esconde esa apariencia de normalidad.

Twin Peaks es probablemente el paradigma de esta dicotomía lynchiana -único “adjetivo” capaz de identificar sus obras con cierta precisión-. En 1990 conocimos este idílico pueblo del noroeste de los Estados Unidos, y a sus particulares habitantes. Un lugar que no tardaría en descubrirse como fuente constante de revelaciones a todos los niveles. Un lugar al que estamos ansiosos por volver el próximo 21 de mayo. Y todo desencadenado –aparentemente- por una pregunta que atrapó al mundo: “¿Quién mató a Laura Palmer?”

El pueblo que surgió de Hollywood

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La génesis de este enigma procede de otro misterio nacional americano: ¿Qué se esconde tras la muerte de Marilyn Monroe? Lynch y Mark Frost, a la postre co-creadores de Twin Peaks, tenían como idea primigenia desarrollar su mundo alrededor de este acontecimiento que tanto marcó a la sociedad estadounidense. En palabras del propio Lynch, “es una tragedia que despertaba el interés de la audiencia al mismo tiempo que estimulaba sus miedos”. Sin embargo, los muchos recelos de distintos ejecutivos a reabrir el polémico debate nacional que este caso suscitaba frenaron el proyecto. Pero mucho quedó de él en Laura Palmer (Sheryl Lee).

Y mucho quedó de otra idea en la pareja más inseparable de la serie. La formada por el imperturbable sheriff Harry S. Truman (Michael Ontkean) y el carismático y muy soñador Agente Dale Cooper (Kyle MacLachlan). Después de la imposibilidad de abordar la muerte de Marilyn, Frost y Lynch trataron de sacar adelante una serie sobre un par de detectives que intentan resolver casos relacionados con apariciones alienígenas. Una idea que hubiese colocado a Twin Peaks como una influencia de Expediente X mayor de lo que ya lo es.

Finalmente, e incorporando muchos otros elementos y personajes, lo que vio la luz el 8 de abril de 1990 en la cadena ABC fue una creación que bebía de estas dos ideas frustradas. Desde ese día nada sería igual.

Los personajes soñados en un ambiente de ensueño

Twin Peaks ambiente wapo

Si nada sería igual fue gracias a la capacidad de Lynch y el resto de responsables de la serie, que crearon ya desde el piloto ese universo de rutinaria imprevisibilidad. Porque en Twin Peaks, como en cualquier lugar, vive un grupo heterogéneo de personas que hunden sus secretos en tazas de café y engullen sus sueños con cada nuevo bocado a la tarta de manzana. Sus habitantes son fascinantes, cada uno a su manera –y unos más que otros-.

La serie es capaz de captar la forma tan particular de abordar las cosas ya no solo en los pueblos, sino en cualquier grupúsculo cerrado: lo que desde el exterior parecería absolutamente inquietante se convierte en cotidianidad –sirva de ejemplo la indiferencia de muchos personajes a ciertos elementos misteriosos, véase la Señora del Leño-, mientras que el más mínimo cotilleo levanta las suspicacias de todos los vecinos.

La mayoría de personajes de esta serie escapan del arquetipo, le dan la vuelta –salvo en ciertos erráticos episodios-. A fin de cuentas, como señala Roberto Huertas, uno de los organizadores del evento David Lunch –más información sobre el mismo más abajo-, Twin Peaks “abraza el culebrón”. Pero lo hace de forma genuina, alejándose del tópico de historias del estilo de  Invitation to love -la serie dentro de la serie-.

No hablaríamos del icono que la serie es hoy sin Cooper –genial personaje que va mucho más allá del GIF-, Laura, Audrey, Ben, Leland, Nadine, Bob o incluso Diane. Como tampoco lo haríamos sin el sello inconfundible que David Lynch supo desplegar, seguido en mayor o menor medida por el resto de realizadores que pasaron por ella. Ha conseguido que nunca veamos de la misma manera a las “personas de estatura inferior a la media”. Ni las cortinas rojas. No menos importante en la creación de esta atmósfera fue la labor del compositor Angelo Badalamenti, que consigue simple y llanamente poner música a los sueños.

Un fenómeno entre esquelas y “mamachichos”

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Varios intérpretes de la serie en el programa Tele 5, ¿dígame?.

La fiebre por la serie, además de a las cualidades intrínsecas de la misma, se debió a la propia campaña de promoción. Alrededor de la archiconocida pregunta sobre la desaparición de Laura Palmer consiguió despertar el interés de prácticamente la mitad de los telespectadores americanos. Más de 34 millones de personas sintonizaron el primer capítulo de la serie, que luego se estabilizó en torno a la nada desdeñable cifra de 17 millones de seguidores. La serie fue acogida con los brazos abiertos también por la crítica.

Un éxito en Estados Unidos que en España fue directamente un fenómeno. Pese a emitirse en Telecinco, que por entonces solo llegaba a Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla, el piloto congregó a casi dos millones y medio de españoles -50,3% de share-. El éxito fue posible, como ocurrió en tierras yanquis, gracias a una novedosa campaña publicitaria. En los más importantes periódicos nacionales podía leerse: “Han asesinado a Laura Palmer. Sabemos dónde está su cadáver. Descúbralo mañana”. En una entrevista concedida a la revista Cinemanía en 2014, el entonces director de programación de Telecinco, Manuel Villanueva, lo llamó “campaña de las expectativas, publicidad con aspecto de noticia enigmática”.

Otra de las claves de la popularidad de Twin Peaks la apuntaba Roberto Huertas al relacionarla con el término culebrón. Huertas explica: “Algunas series míticas, siguiendo el lema de la HBO de esto no es televisión, es HBO, quieren oponerse a la televisión, decir que la buena televisión es cine. En abrazar el culebrón, pese a tener un director de cine detrás, radica el éxito popular de Twin Peaks”.


David Lunch: merendando con la serie que se comió el mundo

      

En la imagen izquierda, los asistentes al David Lunch aplauden durante el acto con sus meses llenas de restos de comida. En la de la derecha, Roberto Huertas se dispone a cortar una de las tartas de manzana del evento. / Fuente: ladispensaarevista.es

Un proyecto nacido de un juego de palabras. El David Lunch surge de una broma entre dos amigos a los que se les ocurre combinar merendola y Twin Peaks. De ahí hasta ser la actividad estrella de la asociación Modus, que busca animar la vida universitaria en el campus de Getafe de la Universidad Carlos III a través del debate audiovisual. El evento fue atrayendo gente a la organización, por lo que conseguir ingentes cantidades de tarta de cereza y café pronto dejó de ser un problema. Finalmente, la iniciativa reunió el pasado 5 de diciembre a alrededor de 80 personas según la organización, que lo califica de “todo un éxito”. Todos los asistentes pudieron disfrutar de un menú en el que la tarta y el café acompañaron al visionado del piloto de Twin Peaks. Saborearon incluso los anuncios con los que Telecinco la promocionaba. Como es tradición en los eventos de Modus, un debate y análisis posterior fue el postre perfecto.

Fuente: Roberto Huertas, miembro de la asociación  Modus y organizador del David Lunch.


Twin Peaks supuso para la recién nacida Telecinco su primer éxito en ficción internacional. No en vano, incluso la segunda temporada, que perdió millones de espectadores en su país de origen, consiguió mantener en España una media superior al 30% (más de diez puntos por encima de la de la cadena). Prueba de este fervor fue lo ocurrido tras la emisión del último episodio de la primera temporada. Muchos desconocían que habría una segunda, y esperaban la resolución del caso. Esto no fue así, y en palabras del propio Villanueva, “la centralita de llamadas de Telecinco se colapsó”.

La escritora Rosa Montero lo calificó de “indignante”. La directora Pilar Miró lo vio con otros ojos: “Empecé viendo la serie como un thriller serio, hasta que me di cuenta de que era una tomadura de pelo. Estaré encantada de que el señor Lynch me vuelva a tomar el pelo”.

“Divergencias creativas”: un periodo a la deriva

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El actor Michael J. Anderson (izq.) y el director David Lynch durante el rodaje de la serie.

Precisamente el cierre de los primeros ocho episodios supuso el primer choque frontal de Lynch y Frost frente a la cadena. La ABC impuso que la identidad del asesino de Laura Palmer quedase en el aire, frente al deseo de los creadores. Para más inri, el canal decidió promocionar este octavo capítulo como si, efectivamente, el misterio fuese a ser resuelto –estrategia que exportó Telecinco-.

Si el director de Mulholland Drive claudicó ante esta primera exigencia, no así lo hizo ante otra imposición de la ABC: la segunda temporada debía llegar hasta los 22 capítulos. Este obligado alargue de las tramas fue uno de los motivos clave de que Lynch y Frost abandonaran el control creativo y la implicación directa en la serie en esta segunda tanda. Un hecho que probablemente dinamitó aún más su calidad.

El descenso de calidad fue especialmente palpable entre el descubrimiento del asesino de Laura y la aparición de otro conflicto que logra renovar el interés del espectador. En medio se desarrollan tramas intrascendentes para el devenir de la serie, que solo sirven para desdibujar a ciertos personajes. Pero este solo fue uno de los motivos de la pérdida de audiencia.

Valoracion episodios

Evolución de la valoración de los episodios de Twin Peaks en el portal IMDb. En azul la primera temporada, en verde la segunda. El sétimo y el último capítulo de la segunda temporada –ambos dirigidos por Lynch- son los mejor valorados. Las peores puntuaciones se agolpan entre los episodios 10 al 19 de esta segunda tanda. / Fuente: IMDb

Tanta o más responsabilidad tuvo la errática estrategia de la ABC, que trasladó la serie al sábado noche. Buscaba ser competitiva en un horario siempre complicado, utilizando para ello  un producto que la noche de los jueves había tenido un gran rendimiento el año anterior. Lynch y Frost se opusieron a este movimiento, que podía dañar a una serie de público marcadamente juvenil. Que la media de espectadores disminuyera un 50%, y que en ocasiones apenas superara los siete millones de televidentes –frente a los 34 del piloto-, parece darles la razón.

Sin embargo, conviene aclarar que las diferencias entre ambas temporadas van más allá de estos problemas en la producción. En su artículo Twin Peaks: el destino azaroso de una serie modelo, el profesor de comunicación Miguel Ángel Torres Vitola apunta que la segunda temporada se adentra abiertamente en lo fantástico, algo que no ocurría en la primera, con “un universo más realista, cuyos segmentos más inquietantes ocurren en el terreno de los sueños”. Pese a que este cambio dista de ser otro factor responsable del descenso de calidad de la serie –más bien es clave en que la recupere en sus últimos compases-, que la ABC y Telecinco la siguieran promocionando como un policiaco más explica la frustración de gran parte del público.

“Te veré de nuevo dentro de 25 años”

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Imagen del reportaje promocional de la tercera temporada de la serie para la revista Entertainment Weekly.

Eso prometía -SPOILER- Laura Palmer a un impávido Dale Cooper en LA escena del último capítulo de la serie original. No sabremos que habrá ocurrido en el universo Twin Peaks, pero fuera de él la premonición se cumple con un año de retraso. Poco se sabe de lo que acontecerá en esta tercera entrega a partir del 21 de mayo, al margen de los lógicos cambios en el reparto. Los actores que ponían rostro a míticos personajes como la Señora del Leño (Catherine E. Coulson, fallecida en septiembre) o el Dr. Jacoby (Russ Tamblyn, enfermo a sus 82 años) no podrán retomar sus personajes. Afortunadamente también hay nuevas incorporaciones, entre las que destacan dos actrices de envergadura como son Laura Dern y Naomi Watts.

Pese a ello, Lynch y Frost no han dejado a su público huérfano durante este cuarto de siglo. En 1992, apenas un año después de la emisión del hasta hoy capítulo final, vio la luz la película Fuego, camina conmigo. La cinta es una precuela que se centra –principal aunque no exclusivamente- en los últimos días de Laura Palmer, aumentando su halo de misterio y peligro. Vilipendiada en su estreno, la película ha ganado adeptos con el tiempo, a los que no les importa que el filme prefiera plantear nuevas preguntas a responder las que quedaron abiertas.

Las piezas desaparecidas es hasta el momento el último acercamiento de Lynch a su creación televisiva. Se trata de un remontaje de escenas inéditas de las dos primeras temporadas y de Fuego, camina conmigo que amplía aún más el universo de la serie.

Pero donde más  pistas pueden encontrar los seguidores de cara a este ansiado regreso es en el libro La historia secreta de Twin Peaks, publicado el pasado año por el propio co-creador de la serie, Mark Frost. El libro amplía toda la mitología del lugar a través de un misterioso informe policial que se remonta al siglo XIX. Una obra que combina lo ficticio con sucesos reales acaecidos en el noroeste de Estados Unidos, y en la que muchos fans han encontrado mensajes que pueden servir de guía para lo que veremos en los nueve capítulos de esta nueva temporada.

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En tres semanas se producirá el ansiado reencuentro con la apacible comunidad de Twin Peaks. Puede que todos sus habitantes –y visitantes- hayan envejecido desde aquel piloto estrenado en 1990, pero sin duda nosotros hemos cambiado más que ellos. Porque pocas cosas te cambian tanto como esta serie. Una vez vista pensarás en todo el mal que hay en el mundo, y en ti mismo, cuando cada mañana te mires al espejo. Aunque es probable que se te vuelva a olvidar al tomarte una taza de tu café favorito. Como todos los días.

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