‘Girls’ y ‘Skam’, un relato feminista en la pequeña pantalla

CLARA GIMÉNEZ, Madrid

La semana pasada, el universo seriéfilo ardía con el final de Girls, la serie creada, dirigida y protagonizada por Lena Dunham. En un radio de alcance menor pero no por ello menos significativo, la comunidad de fans de la serie noruega Skam estaba expectante por el comienzo de su cuarta temporada. Si nos ponemos las gafas violetas y las analizamos desde una perspectiva feminista, ¿qué tienen de especial estas dos producciones creadas y protagonizadas principalmente por mujeres?

Girls, la serie que cuenta la vida de cuatro veinteañeras neoyorkinas, comenzó su andadura hace ya seis años. Y no, no es copia mala de Sexo en Nueva York. Si bien la serie de los 90 asentó una base en cuanto a una nueva representación femenina en series de televisión atreviéndose a hablar de sexo sin tabúes y mostrando a mujeres supuestamente independientes, no está exenta de tópicos machistas y clasistas.  Girls deja de lado la perfección de la que hacen gala Carrie Bradshaw y compañía para mostrar a cuatro amigas con complejos y contradicciones. Si algo hay que agradecerle a esta serie es su falta de intención moralizante. En una arriesgada apuesta personal, que en ocasiones es brillante y en otras decepciona, Lena Dunham nos transmite un mensaje: las mujeres no deben ser, las mujeres son. Girls muestra que no todos los cuerpos  encajan en los patrones de lencería –algo que por lo visto todavía incomoda a quienes critican los “excesivos” desnudos de Lena Dunham-, que la amistad y el amor no siempre pueden con todo, que el futuro incluye precariedad laboral, que la maternidad no es algo idílico.

Por romper estereotipos y por poner en el centro de la opinión pública temas tan necesarios como los límites del consentimiento –sus capítulos embotellados, como American Bitch en la última temporada, son una verdadera joya-, Girls merece una oportunidad. Eso sí, teniendo en cuenta sus fallos: un uso muchas veces sexista del lenguaje –el slut-shaming en ocasiones emborrona el mensaje de la serie- y una representación sesgada de mujeres de una misma clase social en un entorno privilegiado. Aún así, la producción de HBO consigue ser, como apunta su protagonista en el primer capítulo, una voz de una generación.

Si bien Girls nos habla de la denostada generación milenial, la serie noruega de  NKR, Skam, nos cuenta las vivencias de una generación un poco posterior. Y es que, aunque pueda pasar por una serie para adolescentes, ya que gira en torno a un grupo de estudiantes de un instituto de Oslo, su trama argumental queda por encima de muchas superproducciones. El innovador formato propuesto por su creadora, Julie Andem, involucra a los espectadores extendiendo la vida de sus personajes más allá de la pequeña pantalla a través de vídeos o conversaciones de WhatsApp que la cadena publica entre capítulos. Además, cada temporada es vista desde la perspectiva de un personaje distinto, lo cual no sería innovador si no fuera  porque Skam pone como protagonistas a  Isak, un chico que descubre su sexualidad, y a Sana, una adolescente musulmana, consiguiendo superar representaciones estereotipadas.

Careciendo del presupuesto de Girls, la serie aborda mediante tono ácido y desenfadado temas como las drogas, la sexualidad, la religión y las enfermedades mentales. Si hay algo criticable es que, pese a los diálogos brillantes que sostienen la trama, las conversaciones de las protagonistas en muchas ocasiones no pasan el Test de Bedchel. Aún así, dan ganas de aplaudir cuando los alumnos del instituto Nissen ponen sobre la mesa el slut-shaming, la islamofobia, la homofobia o el acoso sexual.

Imagen de un capítulo de Girls

Imagen de la serie Girls

Afortunadamente, producciones como Skam y Girls muestran que algo está cambiando en la pequeña pantalla. No solo son dos series creadas por mujeres y con un enfoque de género, lo cual es más que necesario en una industria masculinizada en la que se suele perpetuar el imaginario machista; sino que traspasan la infravalorada categoría de series “para chicas”, llegando a un amplio sector del público. Romper estereotipos, abordar debates arriesgados e incómodos y representar la diversidad en los productos de ficción que consumen las  generaciones más jóvenes es algo fundamental para seguir avanzando hacia un mundo más justo. Porque, no lo olvidemos, la batalla por construir un imaginario libre de machismo tiene como uno de sus escenarios decisivos el plano audiovisual.

Imagen principal: Isak y Even, dos de los protagonistas de Skam

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