Del papel a la pantalla

JAVIER GONZÁLEZ, Madrid

Cada vez es más y más común ver cómics, libros o videojuegos que saltan a la gran pantalla. Durante mucho tiempo hemos visto proyectadas las aventuras de Tintín, Asterix,  Harry Potter, Frodo Bolsón, Katniss Everdeen, Tony Stark y compañía. Algunas conocidas por su éxito taquillero, otras por ser un bodrio, como la olvidable Eragon, y otras simplemente por pasar lo bastante desapercibidas como para no ser criticadas.

Fuera de esta vorágine de superventas convertidos en la película del verano encontramos cosas más humildes como la adaptación de Tokyo Blues de Haruki Murakami dirigida por Tran Ahn Hung y, más recientemente y desde casa, El guardián invisible. La adaptación del primer libro de La trilogía del Baztán de Dolores Redondo ha estado a cargo de Fernando González Molina y ha estado rodeada de cierta polémica en la que no voy a entrar. Sin embargo, recuerdo que lo primero que lei del filme fue que Marta Etura, la encargada de dar vida a Amaia Salazar, era morena, cuando en los libros se especifica que es rubia (cosa que se mantiene en el cómic). Horror, sacrilegio, fans cabreados, la hecatombe. Y yo digo: “no es para tanto”. Y esto es aplicable a casi cualquier adaptación.

comic-guardián

 Imagen del cómic de El guardián invisible.

Si sigues leyendo, y no estás buscando un picahielos para hacerme como Liam Neeson en Venganza, me explicaré. De cualquier adaptación de una obra literaria al cine se esperan ciertas cosas: que los personajes tengan la misma personalidad, que nos cuente la historia que hemos leído y que sea como lo imaginamos. Esto último es, cuanto menos, difícil. Cada lector tiene una visión propia de cómo serían los personajes que hay entre las páginas, la cual normalmente difiere de la que tienen en los cástines. Esto, añadido a la dificultad de condensar más de 400 páginas de texto en una cómoda hora y media de película (dos como mucho), genera que al salir de la sala se oiga una vocecilla que clama: “pues el libro/cómic/juego era mejor”. Claro que era mejor, en tu mente todo era perfecto.

Volviendo al tema, la película de Fernando González Molina. No es lo mismo adaptar una novela fantástica que una novela negra y en El guardián invisible consiguen algo complicado, reflejar la atmósfera que crea Redondo en la novela. Los tonos oscuros y la lluvia casi constante de Elizondo refuerzan el aura de misterio que crea la obra. Con esto, lo que vengo a decir es que considero más importante para una buena adaptación el que consiga transmitir sensaciones como las de la obra original. Obviamente, debe mantener cierta fidelidad, pero es complicado adaptar una obra extensa a una sola película sin dejarse cosas en el tintero. Tampoco es recomendable recurrir al método de Zack Snyder, destruyendo la trama en pos de la espectacularidad visual, eso nunca ayuda. La gente quiere ver a los personajes que ha conocido a través de las páginas, que les hablen, ver reflejado lo que había en el papel, pero se debería evitar la idea de que vamos a ver un calco del libro.

El guardián invisible destaca como novela y como película por su planteamiento.Sí, es una novela negra con su asesinato y sus policías, pero Amaia Salazar es un personaje complejo y lleno de matices, la historia avanza y entrelaza subtramas de una forma sublime. Además, el uso de la poco mascada mitología del norte de España le otorga un elemento diferenciador que le dota de una frescura y una atmósfera muy característica.

Dadle una oportunidad, tanto a la película como a las novelas. El cine español lo agradecerá.

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