Khaled Hosseini da voz a Afganistán

CLARA GIMÉNEZ, Madrid

Cada cierto tiempo, Khaled Hosseini (Kabul, 1965) recuerda a millones de lectores en todo el mundo que Afganistán es mucho más que un apartado de muerte y violencia en los telediarios. Comenzó a hacerlo a partir de 2003, tras publicar Cometas en el cielo y Mil soles espléndidos, dos obras que le han valido un amplio reconocimiento internacional.

En su último libro, Y las montañas hablaron, el autor vuelve a conseguir que el lector se sumerja en la riqueza y complejidad de la sociedad afgana; y es que nadie diría que Khaled Hosseini ha pasado más de media vida fuera de su tierra natal. Hijo de un diplomático, se mudó a Teherán en 1970. Poco después, los acontecimientos políticos impidieron que la familia regresara a Kabul. Recibieron asilo en Estados Unidos, donde Hosseini creció oyendo hablar de una patria a la que no tuvo oportunidad de volver hasta 2006, tras ser nombrado embajador del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

Sin duda, hay mucho de autobiográfico en esta última obra. Tal vez incluso más que en las dos anteriores, donde los conflictos que han asolado a Afganistán durante más de medio siglo constituyen el eje central de la trama. Aquí, la situación política del país se plantea como telón de fondo con la nostalgia y la pérdida de identidad como grandes protagonistas. Si Cometas en el cielo y Mil soles espléndidos ya estaban repletos de ausencias y reencuentros, en esta novela la intensidad de los dilemas psicológicos crece hasta convertirse en un verdadero rompecabezas.

Desde una pequeña aldea situada a varias horas de Kabul hasta el San Francisco de nuestros días, pasando por París y la Isla griega de Tinos; el autor vuelve a servirse de múltiples escenarios para contar el destino de una familia separada por la turbulenta historia del país. Todo arranca en 1952, cuando un matrimonio campesino sin recursos decide vender a su hija menor a una familia acomodada de la capital. Así, Hosseini incide la diferencia de clases dentro de la sociedad afgana, poniendo de relieve el  contraste entre la moderna aristocracia pastún y el Afganistán más pobre durante la década de los cincuenta. Una aristocracia que será desplazada a lo largo de la historia por una nueva clase dominante; los señores de la guerra, muyahidines que a la vez son asesinos y benefactores para el pueblo afgano.

Tal vez, lo más difícil de comprender sea el título escogido por el autor –un homenaje al poeta William Blake-. Por lo demás, sus palabras son tan claras como los ríos que discurren por los valles de Afganistán. No es necesario conocer de primera mano ese país montañoso situado en el corazón de Asia, Hosseini vuelve a aproximar su exilio y el de miles de afganos a todas partes del mundo.

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