ECO es feminista

No entendemos que todavía haya personas que no crean en  la necesidad del feminismo. Nos hervía la sangre al escuchar esta semana: “¿Manifestarse? ¿Un día internacional? ¿Para qué? Pero, ¿qué más queréis?” Lo peor es que este profesor estaba verdaderamente sorprendido cuando unas alumnas contamos que íbamos a manifestarnos esa misma tarde. Según él, ya teníamos igualdad, estábamos ahí sentadas en la misma clase que los chicos, habíamos accedido a la educación superior… para él ya parecía suficiente.

Nosotras no pensamos así. Partamos de la base de que las mujeres llevamos siglos oprimidas. Esto significa, naturalmente, por debajo de los hombres. La sociedad ha ido avanzando, ¡faltaría más!, pero eso no significa que la igualdad legal que tenemos en la España de hoy en día sea una igualdad real. La igualdad sobre el papel es más fácil que en la calle. Por eso nos unimos al paro internacional a las doce del mediodía, por eso fuimos a la manifestación; porque aún hace falta que se hable del feminismo, del movimiento que lucha por la búsqueda de la igualdad y que esto no quede en una acción reducida al ocho de marzo.

Ojalá ya no fuera necesario conmemorar el asesinato de unas trabajadoras estadounidenses por pedir salarios más justos, más iguales. Ha pasado más de un siglo, pero aún no hemos conseguido acabar con la diferencia salarial de género—los hombres en España ganan un 15% más que las mujeres por cada hora trabajada. Si sumamos a ello que el desempleo y el trabajo a tiempo parcial son mayores entre las mujeres, obtenemos que la brecha de ingresos por sexos está en el 35%.

En la universidad, las estudiantes somos mayoría, un 54% del alumnado. Lo lógico sería, por lo tanto, que entre iguales los porcentajes se mantuvieran en todos los niveles. Sin embargo, nuestra presencia se va reduciendo según se asciende en la jerarquía: somos un 40% las profesoras y solo un 20% las catedráticas. En la cúspide, solo dos rectoras en las más de cincuenta universidades españolas. Las cifras reflejan que la mujer sigue teniendo más difícil llegar a puestos de mayor responsabilidad y detrás no se esconde una menor formación sino una concepción social de la familia que atribuye, en exclusiva, a los hijos y las tareas del hogar a la jornada laboral femenina.

Los datos son la prueba de que el feminismo no es producto de “exageraciones de amargadas radicales”. Le pese a quien le pese, nuestra sociedad es machista—y como nuestra sociedad somos todoscada uno debería ponerse las gafas moradas y ver qué está en su mano para que esto cambie. Las mujeres debemos empoderarnos, desde ECO vamos a apoyar y difundir nuestra lucha. Seamos feministas, de verdad.

 

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