Volver: el sueño aplazado de una generación que no está perdida, sino lejos

Volveremos: Memoria oral de los que se fueron durante la crisis (Libros del KO) recoge los testimonios de los emigrantes, los que se quedan y a quienes dejan detrás

MARIA ELEJALDE y JM RODRÍGUEZ

Un buen día, después de meses y meses de buscar un trabajo, una chica abre su correo y encuentra un correo en el que le ofrecen una beca para un doctorado en París, en la Sorbona.

Un buen día, una chica coge el teléfono y le informan que ha sido escogida para la plaza que solicitó en Barcelona, solo que en realidad está en Colonia.

Un buen día, dos jóvenes periodistas en Manchester encienden su móvil y encuentran un mensaje de una editorial española: sus fundadores están trabajando en Qatar, Colombia y Londres. Los cinco compartían un propósito, no solo entre ellos, sino con otros cientos de miles de españoles. Este se traduce en la tajante afirmación que da título al libro que nos ocupa: Volveremos.

Volveremos cuenta la experiencia de 12 españoles que dejaron el país durante la crisis en busca de un futuro mejor y de sus familias que siguen esperándoles. Historias que se cuentan en primera persona en un formato que recuerda a una obra de teatro. Las autoras, Noemí López Trujillo (Bilbao, 1988) y Estefanía Vasconcellos “Fany” (Salamanca 1988) reconocen que la estructura del libro puede asustar un poco al principio. Fany lo compara con el inicio de una amistad: “Cuando tú estás empezando a conocer a alguien tienes que esforzarte […] No es, “Hola ¿podemos ser amigos?, ¡Sí! seamos amigos” Los protagonistas confiesan los aspectos más íntimos de su vida y, a medida que avanzamos, nos “ganamos” el derecho a leerlos. Merece pagar el “peaje” exigido en forma de tener que consultar los nombres de vez en cuando.

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 Las autoras posan con las primeras ediciones de su libro. Alberto Sáez

Los editores contactaron con las escritoras ya con la idea del libro en mente. Un título ya establecido, a no ser que la realidad de las historias les condujera a una conclusión diferente. “Empezamos a buscar perfiles y la forma más actual, más cómoda de hacerlo, era por redes sociales.[…] Empezó a escribirnos gente […] hicimos una lista como de unas 30 personas y empezamos a elegir” explica Fany.

Un libro poco convencional entre los que haya: una obra de teatro, una entrevista, una crítica, un diario… ni escritoras ni lectores consiguen ponerse de acuerdo entre cual es el formato que sigue Volveremos. “Ahora ya casi no se escriben diarios o no se escriben cartas. Ahora te mandas un audio de WhatsApp y cuando te cambias de móvil se pierde. Era un poco como recuperar ese formato de haberle escrito una carta a alguien o un correo electrónico a un amigo. Era simplemente que quedase el reflejo de esos testimonios”.

Conforme uno avanza a través del libro, cuesta no imaginarse que es el lector quien está hablando con Conchi, Cintia o Jorge, da la sensación de que verdaderamente es uno la fuente de confesión de los protagonistas. Y sin que esta confesión caiga nunca en el victimismo. “No queríamos que el libro fuera un “¡oy pobrecitos!” porque nos parece que la gente no decía eso.” El libro no cae en ningún momento en el juego de la emoción fácil propia de un anuncio de Campofrío. Huyen de términos tan manidos como “exiliados”. Fany explica su visión y la de los entrevistados: “Ellos se comparaban y no en plan de ‘oh que mal lo estoy pasando soy una víctima de esto’. No. Ellos decían: es que yo me he podido ir, hay gente que se ha tenido que quedar. Fíjate los refugiados, o fíjate en la gente que ha venido de África”

Huir de la saturación era otro de los objetivos. “No es un batiburrillo de cifras y más cifras que no te llevan a ninguna parte. Es algo más íntimo, son colegas que te están hablando a los ojos”. Sin embargo, los números pesan por sí mismos. Según la socióloga Amparo González, pese a que el gobierno cifra en entre 200.000 y 300.000 el número de emigrados, al comparar las estadísticas con los países receptores, podríamos estar hablando en realidad de 700.000. “La cosa de que se trate el fenómeno de la emigración económica en España con cifras, números y más números hace que al final la gente se aturda. Se han ido muchos, muchos no volverán, vale. Pero cuando les pones imágenes como una madre en el aeropuerto o eso de ‘estoy viendo crecer a mis nietas a través de la pantalla del Skype, esas imágenes te dan la medida de la realidad muchísimo mejor que diciendo ‘pues se han ido 200.000 o se han ido 300.000’”

La realidad de esos jóvenes formados de entre 25 y 35 años que se marchaban contra su voluntad al no conseguir empleos. Sin embargo, no es la única realidad que muestra el libro. También, mediante la voz de Cintia, una trabajadora en McDonalds, muestra la perspectiva de aquellos que no pudieron marcharse, aquellos que, por motivos económicos o de otra índole, tuvieron que quedarse forzosamente en España renunciando a sus sueños.

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Un capítulo de Volveremos en proceso de creación. Estefanía Vasconcellos

Los sentimientos son una parte capital del libro. “Nosotras decimos que cada historia es un mundo, pero que los sentimientos que atraviesan las historias son universales. Ese mismo sentimiento, con distintas palabras, lo tienes tú, lo tiene el que está en Canadá y lo tiene Cintia que está en Elche. Simplemente es ir conectando esos sentimientos y hacer un puzzle.” Este puzzle, creado a base de unir fragmentos de las conversaciones mantenidas individualmente con cada uno mediante Skype, la misma aplicación que los emigrados usan para hablar y ver a sus familiares. Un proceso laborioso, pero fructífero con el que consiguieron toparse con la posibilidad de crear diálogos entre personajes, aunque estos no se conocieran ni hubieran hablado nunca.

Junto a la morriña o el enfado, también está presente el miedo al fracaso. Como bien decía una de las autoras:  “¿Qué es el fracaso? ¿No encontrar trabajo? […] Tal como está la situación, no es culpa tuya. […] Nos preguntaban en otra entrevista: ¿Irse era un fracaso? Y les decía: no, no, o sea, precisamente, para no fracasar, te ibas, […] porque si te quedabas, sentías que fracasabas”. Relativizar el miedo al fracaso si hubiera que irse es el consejo que dan a aquellos que están pensando en hacerlo.

De una manera u otra, el lector se ve reflejado con alguna de las historias y empatizas con todas. Ninguna de las autoras consigue quedarse con una historia, puesto que todos los personajes son un poco como “sus hijos”. Ambas coinciden en que la familia Filardi da una perspectiva de más ámbitos: como el paso del tiempo, la generación de las madres, la de Ernesto y Soraya y ahora la de las hijas. Noemí añade la historia de Cintia, la chica que tuvo que quedarse a la que que conoce desde la infancia. “Es como mirar detrás de la nevera, ¿no?. Que tú estás viendo una cosa, te asomas un poco y ves otra. Entonces, cómo conoces a la persona desde que era pequeña, te impacta un poco más.”

También hacen hincapié en la importancia de las madres. Durante todo el libro, las madres dan ejemplos de superación, pero también de frustración. Su pesar, su tristeza, la pena por sentir haber “engañado” a sus hijos cuando les dijeron que si estudiaban y trabajaban duro de jóvenes, vivirían bien de mayores.

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El Skype es una herramienta vital para los emigrados y con ella se creó Volveremos. JMR 

Cada uno de los protagonistas es representado en un mapa al principio del libro con un ganso canadiense. “Aves migratorias” sonríe Fany cuando explica la elección. Aves predispuestas a migrar por naturaleza, del mismo modo que según miembros del actual gobierno como el ministro de Exteriores están predispuestos los españoles a “ampliar sus miras”. Fany declara que le regalaría el libro a él, “pero realmente le pediría que lo leyese porque igual eso le da amplitud de miras a él.” […] “si lo quiere que nos lo diga y se lo enviamos”, “a cobro revertido, claro”, bromea. Noemí, en cambio, se lo daría a Rajoy. “Sé que no lo va a comprar motu proprio. […] Las madres se  dirigen a él […] a lo mejor le sirve como un punto para reflexionar sobre si su gobierno lo ha hecho bien o mal”

Es importante matizar que ninguno de los protagonistas, ni la inmensa mayoría de los emigrados, se van por su propia voluntad. Por eso, las autoras se indignan al escuchar al gobierno hablar de <<movilidad exterior>>. “Él está pensando en ese tipo de ‘movilidad guay’ de que te vas ya con puesto de trabajo o con un sueldazo” comenta Fany.

Porque además, las autoras coinciden en que la visión de la migración está llena de clasismo: cuando un licenciado se avergüenza de limpiar baños, infiere que debe hacerlo alguien de clase baja. Y está llena de clasismo cuando para quitar hierro a las cifras se apela a que muchos son inmigrantes o hijos de estos que vuelven a sus países de origen; como el caso de Peter, hijo de inmigrantes peruanos, que emigra a Londres. Sin embargo, cuando lees y se le escapa un “mazo”, es imposible pensar que no es madrileño. “Algunos sectores siempre les han considerado españoles de segunda, pero llevan aquí 20 años. Joder, son españoles.  ¿Tú te crees que después de 20 años es una decisión fácil?” comenta Fany indignada.

Todo concluye donde empieza – el libro y esta entrevista-. A la pregunta sobre si los emigrantes volverán, las autoras dan una respuesta mucho menos optimista que el título del libro: “Yo creo que cuando consigues hacerte tu hueco ahí, sobre todo si tienes hijos y te realizas laboralmente, […] es muy difícil que vayas a volver. Muchos querrán volver, pero no estarán dispuestos a volver a un trabajo que no les gusta, que no esté bien pagado” afirma Noemí. “Si mejora la economía en los próximos cinco años […],  pero como los cambios son tan lentos igual cuando les llegue el momento dirán: ¡buah! volver será como irme otra vez” dice Fany.

Mientras vuelven, quizá sea hora de organizarse para poner una estatua en el aeropuerto que muestre a las miles de madres que se han deshecho en lágrimas diciendo adiós a sus hijos sobre sus baldosas, tal como dice Pili, una de tantas…  

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