A propósito de Patria

BORJA QUINTANA

La situación en Euskadi es diferente a la de hace seis años, cuando ETA anunció el cese definitivo de la actividad armada , y ni qué decir tiene con la de hace casi veinte, cuando el asesinato de Miguel Ángel Blanco marcó un antes y un después en su fin. Aun así, quedan heridas insalvables para las generaciones que hemos convivido de forma natural con el terrorismo.  

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) nos lleva en Patria (Tusquets) a un pueblo del País Vasco y nos introduce en el pensamiento de cada uno de los protagonistas de la historia. Joxe Marí, el etarra cuyos planteamientos están influenciados por los ambientes en los que se mueve (herrikos, movimiento de la kale borroka,…), nos deja ver la capacidad del entorno para influir en las decisiones sin preguntarse el porqué de las cosas. Por algo la edad de los arrestados descendía a medida que pasaban los años. De haber nacido en otro lugar del mundo, lo más probable es que no hubiese acabado en ETA.

Su madre, Miren, no duda en apoyar la causa, pero solo porque es su hijo; Joxian, el padre, deja de hablar con su mejor amigo, el Txato, porque aparecen pintadas en el pueblo amenazándole de muerte y tildándole de traidor. Su asesinato es el hecho principal de la novela.

Vittori, la viuda, tiene que soportar cambios de aceras y miradas indiscretas, sobre todo de quien había sido su mejor amiga hasta ese momento,  la propia Miren,  por haber sido la mujer de “el que algo haría”. Cuando decide volver de Donosti a su pueblo tras el anuncio de ETA del fin de la violencia, el cura del pueblo aparece en su casa para reprocharle haber regresado. “Que tú tengas el derecho legítimo de volver a tu casa no quita para que otros vecinos tengan también sus derechos” “¿Por ejemplo?”, le dice  la viuda. “Por ejemplo, a que se les permita rehacer sus vidas y a darle una oportunidad a la paz. La lucha armada ha golpeado con dureza a nuestro pueblo, como también, no debemos olvidarlo, algunas actuaciones de las fuerzas de seguridad del Estado.“

El libro es una representación fiel de la realidad que se vivió durante muchos años. Recoge el enaltecimiento de los “héroes del pueblo”: los presos, y no los asesinados; la sensación de pueblo perseguido que capacitaba poder justificar lo injustificable; o la hipócrita y bochornosa actuación de parte de la Iglesia, que actuaba como alivio moral por si alguna duda impedía lograr la “buena nueva”. Pero lo más significativo es el silencio. El silencio de la sociedad y el desamparo provocado en los familiares de las víctimas. La incapacidad de gritar “basta” por miedo a ser el siguiente, y que, de no ser así, hubiera logrado acabar con ETA antes.

Aramburu logra que Patria sea ya imprescindible para entender la lógica del momento y llega a la raíz de las causas y consecuencias de la lógica nacionalista llevada al extremo. Es tanto así que la ficción no es tan importante como poder viajar a través de las mentes de quienes vivían en Euskadi en aquel momento. El libro es también un halo de esperanza para el reencuentro, para el abrazo entre quienes estuvieron enfrentados y cuyas diferencias marcaron sus vidas, antes que sus semejanzas. Será crucial que las generaciones que lo vivimos nos esforcemos por encontrarnos, admitir errores, y lograr que las siguientes decidan sobre su futuro sin el peso de ETA.

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