La ciudad de las estrellas (La la land)

Atención: alto contenido de spoilers

MARÍA ELEJALDE, Madrid

Nominación a “mejor película” en la 89ª edición de los premios Oscar. Nominación a “mejor director”, “mejor actor”, “mejor actriz”, “mejor guion original”, “mejor banda sonora”… y así hasta 14 nominaciones, igualando el récord que en su año rompió Eva al desnudo. La noticia de estas nominaciones ha corrido como la pólvora, provocando que aquellos que hasta la fecha no habían visto la película, pusieran el ir al cine en la parte más alta de su lista de cosas que hacer.

La ciudad de las estrellas (La la Land) la película que ha causado todo tipo de sensaciones, desde “es la mejor película que he visto en mi vida” hasta “¿y esto tiene 14 nominaciones a los Oscar?”. El musical dirigido por el joven estadounidense Damien Chazelle podemos decir que ha causado, como mínimo, cierto revuelo. Sus numerosas nominaciones a los premios de cine más importantes han hecho que las expectativas de todo el mundo se disparasen mientras esperaban impacientes en sus butacas, con el cubo de palomitas ya medio vacío, a ver esa “maravillosa” película de la que todo el mundo habla.

Partiendo de que el film es un musical, todos esos antimusicalistas que han manifestado que la película no les ha llegado ni a gustar ¿qué esperaban? Por mucho que el largometraje haya conseguido enamorar a los miembros de la academia de Hollywood, no deja de ser eso, un musical y no el santo grial. No me sirven las críticas de quienes se han visto disgustados por la película por el simple hecho de que “cantan demasiado”.

Pero desde luego, la película es mucho más que una canción tras otra. Podría decirse que es una película completa, que consigue enamorar desde todos sus aspectos, desde la mágica banda sonora original compuesta por el estadounidense Justin Hurwitz, hasta la preciosa fotografía de una película de ensueño. Todo esto pasando por la maravillosa interpretación de Emma Stone, que ha demostrado estar hecha para mucho más que una sencilla comedia romántica.

La película presenta la ya más que conocida historia romántica entre un músico bohemio y medio fracasado que se enamora de una actriz en proyecto. Aunque al principio parecen resistirse a caer uno en los brazos del otro, antes de la mitad de la película ya están locamente enamorados. Durante un periodo largo, el director combina escenas románticas del mundo mágico del amor, con los palos que a veces nos da la vida, como con los innumerables fracasos en las audiciones de Mia o cuando Sebas se ve obligado a entrar en una banda que ni siquiera le gusta. Todo esto entre referencias constantes a clásicos del cine como Singing in the rain y Le Ballon Rouge.

Conforme se conocen y su confianza va creciendo, los protagonistas comparten sus sueños y aspiraciones con el otro y, entre los dos, se apoyan para perseguirlos. Sebas incita a Mia a dejar su aburrido trabajo de camarera para dedicarse en cuerpo y alma al mundo de las artes escénicas y hacerse valer. Ella lo apoya en todo momento con su proyecto de abrir un garito que tenía como objetivo convertirse en el corazón del jazz de la ciudad de Los Ángeles.

A pesar de su incondicional amor, sus aspiraciones son más fuertes y la determinación por conseguirlas terminan separándoles. (Pequeño inciso para comentar que la película en la que Mia se va a trabajar se ruede en París, “la ciudad del amor”, es una pequeña puñalada por parte del director para quienes aspiraban a verlos terminar juntos. Muy ingenioso).

En realidad, aunque sus vidas terminen recorriendo caminos diferentes, el director quiere dejar constancia de la importancia de su relación en el proceso de lograr sus metas. Por eso vemos como Mia consigue el papel en la película que le lanzaría a la fama gracias a la insistencia de Sebas y el termina llamando a su garito como ella le había sugerido.

Un tiempo después, el director nos vuelve a presentar a los personajes como a una exitosa actriz con marido y una hija, y como a un músico apasionado que trabaja en su propio bar. Los dos han conseguido cumplir sus objetivos. El reencuentro entre los personajes parece inevitable, y la mayoría de los espectadores aún espera un apasionado “nunca he dejado de quererte”. Pero eso no es exactamente lo que ocurre. Chazelle se las ingenia para crear un final que el espectador no espera en un musical del estilo. Mia entra en el bar de Sebas, se vuelven a ver y el esperado shock del reencuentro ocurre. Hasta aquí todo normal. El toca su canción, la canción de los dos y se convierte en el momento más intenso de la película. Sin comerlo ni beberlo, en la pantalla se proyecta una ráfaga de cómo hubiese sido su vida juntos, algo que muchos han interpretado algo así como una crítica al final maravilloso al que nos tiene acostumbrado el cine de Hollywood. Todo mágicamente termina encajando para que la historia de amor perfecta sea compatible con sus dos vidas exitosas. Pero no es ese el final estupendo y feliz que recibimos al encenderse las luces de la sala.

Después de tocar su canción, la sala aplaude, la pareja de Mia le ofrece quedarse a escuchar otra, ella se niega y se disponen a marcharse. Justo un segundo antes de salir se gira para mirarle a él, él le mira a ella, se dedican el uno al otro una sonrisa de agradecimiento, él sigue con su canción y las letras de The End aparecen en la pantalla.

Es obvia la crítica al ya más que conocido cine de Hollywood. Utiliza el formato de una historia romántica que ya todos conocemos, para darle una vuelta de 360 grados. Durante mucho tiempo, todo lo que hemos recibido desde las pantallas ha sido la idea de que el amor es nuestra vía a la felicidad absoluta. Que necesitamos tener una historia de amor trágica y pasional para que merezca la pena y que hay que bajarse del tren en el último momento, dejándolo todo por esa persona. Pero La ciudad de las estrellas es un ¡zasca! para esos que esperaban encontrar el mismo cuento de hadas en esta historia. La película sí que nos muestra a dos jóvenes apasionadamente enamorados en la primera mitad, una que se puede asemejar en muchos sentidos a la típica historia. Pero en vez de concentrar la importancia de cada personaje en el amor por el otro, utiliza ese sentimiento como guía, como punto de apoyo, muy necesario, en la vida de los protagonistas. Se encuentran, se ayudan, se quieren y comparten un tiempo maravilloso y necesario. Pero ya está. Y eso es lo que la sonrisa final nos transmite y quiere representar. Gracias. Gracias por ayudarme a perseguir en lo que creo. Gracias por ser tan importante para mí y gracias por haber sido parte de mi vida. Pero no todos los finales tienen por que se de color rosa Mr. Hollywood. Gracias Chazelle por reivindicar eso.

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