Hagamos periodismo

El 2016 es una muestra de que los cambios en los siglos venideros, posiblemente, llegarán precedidos por acontecimientos, directamente relacionados, con el empoderamiento de los ciudadanos y la información que rodea dichos sucesos. Hasta ahora, estas decisiones se han sintetizado a través de un “sí” o un “no”.

El “Brexit”, la “paz en Colombia” o la “elección de Donald Trump” son duros rivales a la hora de  decidir cuál de ellos fue más relevante y determinar, así, cuál marcará el comienzo de una nueva época. Pero todos ellos tienen un denominador común: el papel de los medios.

Erich Fromm, desde su Alemania natal, quiso señalar que lo necesario para la libertad de los ciudadanos era “estar informados para ser un poco más libres”; pero, antes, Marshall McLuhan ya había escrito en su Aldea Global que esa información se encontraba en los medios de comunicación de un modo hegemónico. Desde 1787, los medios ya eran “el cuarto poder”, como señaló el político y escritor británico Edmund Burke. De ello se deduce que los medios han pasado de ser meros espectadores de la realidad a tener el poder de agitar a las masas, derrocar presidentes, cambiar el signo de unas elecciones o determinar cuál será el color del año.  

Por ello, hoy más que nunca, las constituciones reconocen el derecho a la información y protegen el derecho a informar. La información y el conocimiento siguen siendo necesarios para hacer más libres a los individuos y ayudar a que conformen su opinión a través de todos los puntos de vista disponibles. Pero en la sociedad en la que vivimos, hemos pasado de la ausencia de información a la saturación. Esto ha provocado que la realidad, además de distorsionarse, se encuentre, no solo escondida, sino sumergida entre miles de millones de contenidos.

Por eso, es necesario tener acceso a una información de calidad, veraz, justa y leal. Debemos oponernos a los términos absolutos y a las verdades únicas. Pero, sobre todo, debemos combatir con el debate, la comunicación y la reflexión a aquellos que creen que tener a los ciudadanos informados supone un problema o una variable incontrolable.

Como periodistas debemos ser justos y abrir las puertas del conocimiento, todo lo que podamos, a la sociedad. Imprimir en cada uno de nuestros artículos la claridad y calidad necesaria para que nadie se quede fuera; porque si no, cada vez que alguien afronte unas elecciones sin la suficiente información para poder ejercer su voto con criterio, habremos fracasado.

Si Diderot y D’Alembert, con la redacción de la Enciclopedia en Francia en 1751, pudieron demostrar al mundo que “una sociedad culta que piensa por sí misma, era la mejor forma de asegurar el cambio del mundo”, llevando un poco de claridad a los hogares más oscuros a través del conocimiento. Nosotros, en el mundo de las tecnologías, no permitamos la desinformación.

Hagamos periodismo.

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