La contaminación en Madrid supera los límites recomendados y amenaza la salud de los ciudadanos

DOLORES GÓMEZ y JAVIER GONZÁLEZ,  Madrid

Las fotos del paisaje de la ciudad de Madrid se caracterizan por la espesa capa gris que la cubre. La contaminación es un mal reconocido por los ciudadanos que aparece entre sus principales preocupaciones. Sin embargo la utilización del coche de forma generalizada, la estructura productiva de la ciudad y el clima lo convierten en un problema de difícil solución.

En Madrid se han incumplido los límites de contaminación recomendados por la OMS y la Unión Europea en el año 2016 por séptimo año consecutivo. Así lo muestra el balance anual presentado por Ecologistas en Acción sobre la calidad del aire, realizado con los datos extraídos de las 24 estaciones que existen en la ciudad.

A pesar de las conclusiones extraídas del balance, lo cierto es que los niveles han mejorado respecto a los del año 2015. Ecologistas en Acción argumenta que está relacionado con las condiciones meteorológicas. Aunque considera que las medidas que se han puesto en marcha contra la contaminación son un paso “para la conciencia ciudadana”, los califican de insuficientes. Afirman, asimismo, que es “necesario avanzar más en la disminución del uso del coche en la ciudad”.

Los autobuses suponen un factor a tener en cuenta, ya que contribuyen a las emisiones. En Madrid el 70% de la flota de autobuses funciona con gas, un sistema mucho menos contaminante que el gasóleo, esto puede considerarse un paso adelante, cuando en 2015 tan solo eran el 43%. Por otra parte, el ayuntamiento planea crear una línea de autobuses eléctricos de forma experimental, habiendo adquirido ya el año pasado algunos híbridos. Madrid se uniría así a iniciativas como la de San Sebastián, que gracias a los autobuses híbridos y eléctricos de empresas como la vasca Irizar, es una de las ciudades de España con un mayor número de autobuses urbanos con bajas emisiones.

En España ya hay otras ciudades que se suman a la lucha contra la polución como es el caso de Barcelona. La ciudad condal presentó el pasado noviembre un protocolo de actuación para episodios de elevada contaminación. Incluye la restricción de la circulación en el área metropolitana y el uso del sistema de circulación alterna si ocurre lo que se conoce como una “fase alerta”. Esta fase solo entraría en vigor con altos niveles de contaminación, que el Ayuntamiento considera improbables. Por otra parte, se contempla una “fase episodio” durante la cual solo podrán circular aquellos vehículos que hayan sido acreditados por la DGT como poco contaminantes, también se limitaría la circulación de taxis, entre otras medidas. Esta “fase episodio” se calcula que ocurre tres días al año de media. Además, la ciudad catalana planea prohibir la circulación de los coches más contaminantes en 2020.

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Foto del tráfico en París

La contaminación atmosférica no es solo un problema en las ciudades españolas, en Europa hay otras capitales que han tomado diversas medidas para mantenerla a raya. París usa el sistema de matrículas pares e impares y prohíbe la circulación de los vehículos más contaminantes desde las 8 hasta las 20 los días laborables.  Además, se ofrecen incentivos a los ciudadanos que decidan no usar su coche, como una ayuda de 400€ para comprar una bicicleta o un 50% de descuento en el servicio de Autolib -similar al Car2Go madrileño-. En Roma, los coches que no tengan autorización o no sean eléctricos tienen prohibido circular por el centro histórico, también se usa el sistema de circulación alterna de matrículas si los niveles de polución son muy altos. Por su parte, Berlín ha declarado el centro de la ciudad “Zona Medioambiental” y solo tienen acceso los vehículos que cumplan ciertas normas. Aparte, han elaborado un sistema de clasificación de los coches según sus emisiones usando placas de colores, siendo los que tienen la placa verde los menos contaminantes  y los únicos que pueden circular por el centro. El método berlinés es parecido al que se usa en Londres. La ciudad inglesa dispone también de una zona de bajas emisiones, pero añade  un sistema de tarifas de lunes a viernes para circular por el centro entre las 7 de la mañana y las 6 de la tarde. Además, a los coches híbridos o eléctricos se les aplica un descuento.


Este fenómeno recibe el nombre de techo de inversión térmica, ocurre cuando el aire caliente asciende pero se encuentra con algo que le bloquea el paso -en este caso el anticiclón-. Debido a esto el espacio ocupado anteriormente por el aire caliente se llena con aire frío más pesado, que en esta ocasión era un aire altamente contaminado. Así, el aire frió no puede ascender debido a la barrera que generan el aire caliente y el anticiclón y se queda “estancado”, apareciendo así la famosa “boina” que corona la ciudad.

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Protocolo de la ciudad de Madrid

En Madrid, se establecen tres niveles de actuación según la concentración de dióxido de nitrógeno. Después de 24 horas en el nivel de preaviso se activaría el escenario 1, que incluye entre las medidas, la reducción de la velocidad en la M-30. El segundo escenario incluye la restricción de aparcamiento en las zonas de Servicio de Estacionamiento Regulado (SER). Superando dos días consecutivos el nivel de aviso se pondrían en funcionamiento el tercer escenario, tan comentado durante el mes de diciembre por haber restringido el tráfico al 50% de los vehículos, utilizando el sistema de circulación alterna por matrícula par o impar.  Existen varias excepciones a esta medida: los vehículos híbridos, “cero emisiones”, los pertenecientes a personas de movilidad reducida y los que tengan alta ocupación (tres personas o más) pueden circular libremente con independencia de su matrícula. Existe, además, un cuarto escenario que nunca ha sido puesto en práctica.

El protocolo fue elaborado por el Ayuntamiento de Madrid, con el nuevo grupo municipal, y presentado el 21 de enero del año pasado, basándose en el ya existente, presentado por Ana Botella, anterior alcaldesa de Madrid por el Partido Popular. Con la llegada de Ahora Madrid al Ayuntamiento, ha sido reforzado disminuyendo los niveles de NO2 (dióxido de nitrógeno) necesarios para activar las medidas. Durante el gobierno del PP en el ayuntamiento nunca se puso en práctica el protocolo, a pesar de que el aire de Madrid lleva superando los niveles de contaminación recomendados por la OMS desde 2010.

Los contaminantes más problemáticos en la ciudad de Madrid son el dióxido de nitrógeno, las partículas en suspensión y el ozono troposférico, tal y como dan a conocer en el ya mencionado informe. El tráfico rodado es el causante de más del 80% de la contaminación del aire en las grandes ciudades, razón por la que los protocolos se centran en este factor determinante. Además, siguen existiendo muchas calderas comunales que se alimentan de gasóleo y que emiten una media de 26,6 toneladas de CO2 al mes por cada 60 vecinos.

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Cartel de la limitación de la velocidad en la M-30

Consecuencias de la contaminación

Las principales consecuencias de la contaminación afectan directamente a la salud de los ciudadanos. Los altos niveles de contaminación provocan un aumento en las enfermedades respiratorias y otras trastornos derivados, tales como cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares. Según el informe realizado por Ecologistas en Acción en el año 2014 en nuestro país fallecen 12 veces más personas por la contaminación atmosférica que por accidentes de tráfico. Esta afirmación se extrajo de las cifras de muertes prematuras dadas por la Agencia Europea de Medio Ambiente ese mismo año. Además, un estudio realizado por la Sociedad Catalana de Alergias e Inmunología Clínica (SCAIC) en 2011 señalaba que la contaminación de las ciudades aumenta la propensión a padecer alergias, incluso en las personas no predispuestas.

La contaminación es un problema pandémico en las grandes ciudades que además tienen tendencia a seguir creciendo y poblándose. La pugna entre el desarrollo industrial y la sostenibilidad del medio ambiente ha causado un fuerte desequilibrio que ha acabado afectando a la salud de los ciudadanos, ciudades como Pekín y Shanghai padecen altos niveles de contaminación que resultan muy perjudiciales. El futuro de algunas ciudades europeas parece acercarse peligrosamente a la nube espesa que impide incluso una buena visibilidad. La estructura productiva y la movilidad de estas ciudades debería poder modificarse a un modelo más limpio y respetuoso, conservando, en la medida de lo posible, el placer de respirar.

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