Jugando a matar

DOLORES GÓMEZ

Un niño de ocho años corre veloz por el pasillo, y al asomarse a la cocina con los dedos hace la figura de las pistolas que guardaba imaginariamente en los bolsillos. Une su dedo índice con el codo del brazo contrario y con la velocidad que solo permite la mente, las convierte en una ametralladora gigante. ¿Será de alguna marca rusa? Ya puede ver a su madre sentada en el sofá leyendo plácidamente a través de los huecos de ambas puertas. Se acerca su nueva arma al rostro y cerrando un ojo, tal y como ha visto en tantas ocasiones, mira a través de la invisible mirilla y aprieta el gatillo imaginario. Esta acción provoca la salida de las balas a tanta velocidad como es capaz su lengua de golpear contra el paladar “ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta”.

Esta es una imagen cotidiana a la vez que escalofriante.

Los menores de nuestra sociedad occidental han visto la guerra a través de pantallas desde que tienen uso de razón. Se les presenta la guerra, los juegos de estrategia y eliminar al enemigo disparando como un juego. Como si la guerra tuviese algo de divertido.

El videojuego más vendido de las pasadas navidades fue Call of Duty: Back Ops 3 para la Play Station 4. Y algunos periódicos como el ABC mencionan que su versión para Wii es “uno de los lanzamientos con más interés por parte de los consumidores”. Para acabar de rematar estos disparatados datos encontramos el Call of Duty: Infinite Warfare como el videojuego más vendido de 2016.

Call of Duty es una saga de videojuegos de argumento bélico en el que el jugador toma la posición en primera persona. Los primeros videojuegos estaban ambientados en lugares y batallas de la II Guerra Mundial, sin embargo, las nuevas versiones nos presentan escenarios contemporáneos y repugnantemente reales, al igual que los ruidos y las armas que el juego trae al salón de tu casa.

Call of Duty específica en la carcasa que el juego no está recomendado para menores de 18 años por uso de violencia, drogas y vocabulario explícito. A pesar de estas advertencias no es difícil encontrar hogares en España en los que este videojuego entretiene a niños de entre 7 y 13 años muchas más horas de las que deberían.

Afirmar que los juegos bélicos hacen que los niños sean más violentos me parece una exageración, no obstante, creo que ayuda mucho a banalizar desde la más tierna infancia el horror que la guerra supone para aquellos que la sufren sin un mando de Play Station en las manos, sino con bombas cayendo sobre sus tejados.

Prohibimos a los niños ver películas de cierto contenido, ¿nos da igual que sean protagonistas en un videojuego de guerra? Ocultar las verdades que el mundo presenta a los niños no es la mejor forma de educarlos, pero eso no implica mostrarle los horrores como algo divertido con lo que pasar el rato. Países como Reino Unido ya han empezado campañas escolares para reducir el consumo de videojuegos violentos entre los menores.

¿Quién va a tener verdaderos sentimientos de repulsa hacia lo que sufren las personas que huyen de sus hogares por la guerra si después del telediario cogemos nuestra ametralladora de plástico y simulamos que somos nosotros quienes los masacran?

La realidad virtual ya coquetea con este tipo de juegos. Dan ganas de potar.

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2 Comments

  1. Estoy tan poco de acuerdo con el texto que casi no sé ni por dónde empezar. Creo que lo mejor es empezar por los datos erróneos. La venta de videojuegos es difícilmente cuantificable, los datos suelen estar basados en encuestas y las tiendas se resisten a dar cifras reales de venta (que no es lo mismo que distribución, datos que pueden dar las compañías de videojuegos). En España esto es especialmente opaco y sólo AEVI tiene cierta garantía. Me ha sorprendido leer los juegos que das por más vendidos. Acudamos a la fuente que acudamos, no es cierto que Infinite Warfare sea el videojuego más vendido, ni a nivel nacional ni mundial, en 2016. Según datos de AEVI, no está ni entre los cinco primeros en España y según VGChartz a nivel mundial está en el cuarto puesto en su versión para PS4 (con casi la mitad de copias vendidas que Pokemon, para que nos hagamos una idea), y ni siquiera sumando las copias de Xbox One alcanza el primer puesto. El dato sobre Black Ops 3 es cierto… si lo aplicamos a Navidad 2015. En 2016 Call Of Duty queda muy lejos de los puestos altos.

    Que el relato te sitúe mirando a un niño de ocho años matando a gente tiene sentido con lo que pretendes contar, pero me parece perverso. Haces del hecho de que un niño de ocho años juegue a estos juegos algo habitual: “no es difícil encontrar hogares en España en los que este videojuego entretiene a niños de entre 7 y 13 años muchas más horas de las que deberían”, mientras que aseguras respecto al cine: “Prohibimos a los niños ver películas de cierto contenido”. Tengo que preguntar: ¿ambos datos están sacados de algún estudio? Haces una diferencia clave en la que se apoya todo el argumento para establecer una brecha entre videojuegos y el resto de la cultura que no veo razonada de ningún modo. Asumiendo que la primera afirmación -la de los niños entre 7 y 13 años- podría estar sacada de algún estudio sin citar en el texto, la segunda afirmación es completamente aportada por tu subjetividad. ¿Por qué aseguras que en videojuegos los padres son irresponsables y en cine no?

    Entender los videojuegos como una afición de niños es desconocer el medio. Según la Federación Europea de Software Interactivo la media de edad de los jugadores está por encima de 30 años. ¡30 años! Los videojuegos para adultos no se distinguen de ninguna otra disciplina cultural con contenido igualmente adulto; el acceso de un menor a ellos es responsabilidad de los padres, no se puede culpar al medio de una responsabilidad que no le corresponde.

    Me preocupa, también, que sitúas a los juegos de disparos en una lógica bélica irracional. Haces un retrato de esas obras, creo, injusto. Como en toda disciplina cultural hay de todo. Puedes encontrar juegos que hablan de la guerra como algo horroroso empuñando un arma. Juegos que te permiten elegir si prefieres sobrevivir a un conflicto empuñando un arma o sin matar a una sola persona. O experiencias narrativas como This War of Mine, desgarrador poniéndote en el papel de un superviviente que tiene que arriesgar la vida para comer.

    Me jugaría el dedo meñique -porque el índice lo uso para el gatillo ta-ta-ta-ta-ta, ya sabes- a que no harías este diagnóstico del cine bélico. ¿Crees que Salvar al soldado Ryan ensalza la guerra?¿En Tierra Hostil, tal vez? No, no lo hacen, porque las historias se pueden contar desde muchas perspectivas y con muchas intenciones. Los videojuegos no son diferentes al cine en ese sentido.

    Hago una enmienda a la totalidad de tu texto porque creo que fallas el tiro. Los videojuegos para adultos no son responsables de ser o no ser jugados por niños. Los videojuegos bélicos tampoco son una loa a la violencia y a la guerra. Te invito a sumergirte en el medio, a ir más allá de Call of Duty y prejuicios, porque te sorprenderás. Como parte de la cultura que son, los videojuegos tienen reservadas historias maravillosas que nos ponen frente al espejo y nos hacen ver que, efectivamente, la guerra no tiene nada de divertido.

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