Alexièvich recopila en su libro los testimonios de decenas de víctimas del accidente de Chernóbil

JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ

Cuando ganó el premio Nobel en 2015, nadie sabía muy bien en España quién era esta periodista que había sido galardonada con la máxima distinción en las letras universales. En ese momento, solo una de sus obras -esta que nos ocupa- había sido traducida al español.

Svetlana Alexièvich (Ucrania, 1948) es una periodista bielorrusa cuya obra se centra en la  Unión Soviética y lo ocurrido en estos territorios una vez la URSS fue disuelta. En sus obras, Alexièvich ha hablado de las mujeres que lucharon en el Ejército Rojo durante la II Guerra Mundial (La guerra no tiene rostro de mujer), de los niños que sobrevivieron a esta (Últimos testigos. Los niños de la II Guerra Mundial), los soldados y los familiares de los combatientes soviéticos en la guerra de Afganistán (Los muchachos del zinc), reflexionado sobre los efectos psicológicos de la caída de la URSS en sus antiguos habitantes (El fin del homo sovieticus) y sobre la catástrofe de Chernóbil (Voces de Chernóbil).

En Voces de Chernóbil se habla de lo ocurrido durante el accidente en la central nuclear de Chernóbil (Ucrania) en 1992, lo que acaeció inmediatamente después de este y las secuelas que siguen existiendo entre las víctimas y en la tierra. Como en todos sus libros, Alexièvich se aleja de la narración para dejar como única voz e hilo conductor a los protagonistas de la historia. En cada capítulo, un superviviente narra dónde estaban cuando surgió la catástrofe y cómo esto afectó en sus vidas.  ¿El objetivo? Aportar luz a una historia cuya magnitud no se comprendía y llenar el vacío de literatura respecto a este accidente. Cómo numerosos entrevistados en el libro dicen, Chernóbil era algo nuevo: nunca había ocurrido algo similar y como tal nadie sabía cómo narrarlo. La misma autora confiesa en esta entrevista a El País las diferencias de la forma de expresarse de las víctimas respecto a otros libros que había escrito.

El libro se inicia con la narración de una de las esposas de los bomberos de Chernóbil, los primeros en lidiar con la explosión, y la agonía y muerte de este y todos sus compañeros. Por sus páginas pasan antiguos soldados que trabajaron en la central, físicos, médicos, políticos locales, adultos, niños…  Todos conforman un relato realmente duro sobre los persistentes efectos del accidente en toda la Unión Soviética y especialmente Ucrania y Bielorrusia. En 2006, Greenpeace cifraba los muertos causados de manera directa o indirecta por Chernóbil en 200.000 y estimaba que 90.000 más morirían de cáncer en las siguientes décadas.

A través de los ojos de los que vivieron aquel momento, somos testigos de la minusvaloración del accidente por el régimen soviético. Este tardó dos días en evacuar la zona y nunca llevó a cabo las medidas de prevención y lucha contra la radiación necesarias entre la población. También de las terribles condiciones en las que debieron de trabajar los hombres destinados a paliar las consecuencias sobre el terreno. Asistimos a relatos de huidas, en muchos casos a ninguna parte, puesto que los afectados por Chernóbil se convirtieron en parias para el resto de la población. Aquí también se cuenta la historia de quienes regresaron a una tierra enferma y abandonada, una vez pasó el revuelo por la catástrofe.  Todos los relatos están impregnados de añoranza, dolor, frustración y pérdida.

Voces de Chernóbil es un libro que va directamente al estómago, como si de un puñetazo se tratara. Es un libro que genera emociones que desbordan en muchos momentos. Al mismo tiempo que la prosa del libro te absorbe, la crudeza con la que se presentan los hechos te impulsa a soltar el libro para poder digerirlo. Sin embargo, aunque duela, es un libro que debe ser leído.

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2 Comments

  1. Es llamativo que el libro llevase casi 20 años publicado antes de recibir el premio. Para que luego digan que los premios no sirven para nada, la visibilidad que aporta es tremenda. Este año, con el centenario de la revolución rusa, vamos a tener un montón de literatura acerca del fenómeno soviético. Si no me equivoco, Debate edita un tocho de mil páginas de Richard Pipes por estas fechas que se llama tal cual “La Revolución Rusa”.

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    1. Sí, sí, de hecho antes del Nobel no había ningún plan de publicar el resto de su obra. Solamente un libro de ensayo que iba a publicar Acantilado. Sin embargo, gracias al premio, toda su obra, excepto un libro sobre suicidios en la post URSS (interesante como sigue habiendo cierto tabú respecto a este tema), se publicó en menos de un año. Y tienes razón, Ramón González Ferriz, el que era director de AHORA, ha escrito en El Confidencial un artículo bastante interesante sobre eso: http://blogs.elconfidencial.com/cultura/el-erizo-y-el-zorro/2017-01-16/vienen-los-rusos-trincheras-culturales-guerra-fria-putin-trump_1317044/

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