No sabemos trabajar en grupo

Acostumbrados a realizar nuestras tareas individualmente, nos hemos olvidado de que, en un equipo, los errores de uno afectan a todos

ALEJANDRO CORA, Madrid

Desde que llegó en 2012 el Plan Bolonia a las universidades españolas, hemos podido conocer de primera mano todos los que estudiamos en una de ellas la gran novedad: los trabajos en grupo.

La evaluación continua y las ganas de aplicar lo explicado en clase a la práctica profesional han provocado que los trabajos y proyectos hechos por varias personas se conviertan en la piedra angular de los estudios universitarios. Todos tendrán que pasar por, al menos, uno por cuatrimestre.

Lo curioso de la Universidad es que la mayoría de los que pasan por ella sacan la misma conclusión: hacer trabajos en grupo da asco. Muchos son los problemas con los que se encuentran aquellos que hacen trabajos en grupo. Desde la falta de esfuerzo de unos, la nula comunicación de otros, pasando por las pocas ganas de ponerse de acuerdo unos con otros.

Estas y otras muchas situaciones que viven los estudiantes provocan que, en ocasiones, unos se sobrecarguen de trabajo mientras que otros hagan lo mínimo o incluso nada. Y esto acaba quemando a los alumnos y perjudicando a su relación tanto personal como profesional.

Además, los trabajos en grupo de la universidad tienen una dificultad añadida: son grupos democráticos en los que nadie tiene mayor autoridad que los demás, ni mejor criterio que el resto. Para llegar a conclusiones fructíferas que permitan sacar adelante los proyectos es necesario hablar mucho, debatir y negociar. Son situaciones a las que no estamos acostumbrados por la falta de práctica.

Para que un grupo de trabajo democrático funcione es imprescindible que sus miembros tengan iniciativa y ganas de aportar al proyecto. De lo contrario, alguien se verá obligado a tirar de los demás compañeros para sacar el trabajo adelante. Para solucionar esto, la gran mayoría de equipos de trabajo reparten las tareas equitativamente entre los miembros. Aunque es una solución que suele funcionar a la hora de evitar que algunos hagan todo mientras los demás no hacen nada, no es más que un parche para un problema mayor: muchos estudiantes de universidad no piensan en el resto de sus compañeros del grupo.

¿Por qué sucede esto? La respuesta es sencilla: no sabemos trabajar en equipo, ni tenemos cultura de trabajo común. En España no se ha profundizado nunca en el tema, quizás porque se consideraba una pérdida de tiempo o una “ineficiencia”. Pero no lo es. Todos los trabajos, tanto de empresas públicas como de privadas, organizan a sus empleados por equipos.

En cambio, desde pequeños se exige a los niños que estudien solos, que trabajen solos y que hagan sus tareas individualmente, sin colaboración de otros compañeros, asumiendo que los errores solo los pagan ellos. Esto acaba provocando que los trabajos en grupo se vean como un ‘suplicio’ más que atravesar para conseguir la nota en vez de una oportunidad de crear grandes cosas.

Para bien o para mal, los trabajos en grupo nos perseguirán durante toda nuestra vida, ya que los grandes proyectos se hacen en equipo. Y los equipos funcionan como eslabones de un proceso más grande: si uno de los eslabones falla, fallan todos. Si uno de los miembros de un trabajo en grupo no cumple sus tareas, o las entrega tarde o mal, todos se ven afectados por ello.

Aunque solo sea por sus notas, hay que pensar en los demás compañeros: algunos necesitan mantener su media académica para acceder a becas de estudio, o para tener la posibilidad de irse de Erasmus.

El simple hecho de querer aprovechar la oportunidad que brinda la universidad para aprender a realizar distintas tareas debería bastar para dejar a un lado esa actitud individualista -y en ocasiones egoísta- que muchos tienen frente a los trabajos en grupo y comprender que la Universidad es un lugar para aprender y experimentar con nuevos retos, y no para hacer el mínimo necesario para aprobar.

Desgraciadamente, hasta que los estudiantes comprendamos que los trabajos en grupo no están en la universidad para torturarnos, sino para enseñarnos a desenvolvernos en nuestro futuro laboral y desarrollarnos como profesionales; y comencemos a respetar a los demás compañeros que quieren sacarle provecho a sus estudios y se esfuerzan para ello, las cosas no cambiarán.

Una vez asumamos esto y busquemos las formas adecuadas de sacar los proyectos adelante, equilibrando el reparto de las tareas, negociando con argumentos y sin llegar a perder las formas, se lograrán buenos ambientes de trabajo que repercutirán positivamente en todo: los trabajos saldrán mejor, las notas serán más altas, los compañeros se saturarán menos y las relaciones personales mejorarán.

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