Diseccionando las estrellas

GUILLERMO HORMIGO, Madrid

Juan Sanguino es articulista sobre cine y sociedad en medios como Vanity Fair, El País o PremiosOscar.Net. Disecciona en sus publicaciones la figura de la estrella hollywoodiense, el lado más mundano de las películas que marcaron época o los prejuicios aún por superar en la meca del cine. A través de una fina ironía y un estilo de escritura socarrón, ha conseguido abrirse un hueco en el panorama de la escritura cinematográfica nacional. Mantiene estas cualidades en una distendida conversación sobre los ídolos, el fracaso, los Oscar o el cine de culto.

Sus facetas de opinador, entrevistador y podcaster se entremezclan en una figura que es, ante todo, la de un cinéfilo alejado de todo el elitismo que retrata en sus escritos. Se muestra cercano y muy simpático, y pronto la entrevista se convierte en una conversación fluida. Quizá esa cercanía con la que trata al lector, mientras le habla de temas y personas que parecen inalcanzables, es una de las claves de su éxito.

Volar alto y morder el polvo

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Un operario repara la estrella destrozada de Donald Trump en el paseo de la fama de Hollywood.

El éxito, precisamente, es el primer punto en el que cabe detenerse. Sanguino relaciona la mitomanía, la fascinación por los iconos modernos, con los “ídolos”. Apunta que “todos tenemos ídolos, sea en política o en el deporte. Yo me considero mitómano porque me interesa lo que rodea al cine, el mito, más allá de la obra cinematográfica”.

Y, efectivamente, Sanguino es todo un experto en lo que concierne a rodajes frustrados y frustrantes, luchas de egos o historias de fracasos -como la de la maldición de los 9 actores distintos que han interpretado a Tarzán en  el cine-. Nos muestra los entresijos de un entorno hollywoodiense que nos venden como perfecto, “lo más mundano de un mundo misterioso que nos fascina”.

Pero en la meca del cine hay por supuesto un selecto grupo de estrellas que han alcanzado el culmen del triunfo. Señala Sanguino que “lo que hace una estrella a un actor no se puede explicar. Es una mezcla de fotogenia, carisma y representación de un concepto”. A este respecto pone como ejemplo a Julia Roberts, que en los noventa representaba el prototipo de chica americana, no explosiva pero sí encantadora. En lo que concierne al carisma, pone como caso paradigmático el de Harrison Ford, “un tipo no especialmente buen actor, pero que cae bien a todo el mundo”. El periodista ejemplifica todo esto al aplicarlo en la vida ordinaria, lo que llama “estrellas cotidianas”: personas especiales y magnéticas con las que a todos nos gusta pasar nuestro tiempo.

Juan Sanguino ha analizado en sus artículos la vida y la trayectoria de numerosos actores y cineastas, desde Tom Hanks hasta Brad Pitt pasando por Elizabeth Taylor o Tom Cruise. De todos ellos, se queda con dos relatos de éxito que a priori parecían inalcanzables: el de Penélope Cruz, con el que “todos podemos sentirnos identificados porque toca muy de cerca”, y el de Charlize Theron, “toda una historia de superación” –la madre de la actriz sudafricana asesinó a su marido cuando Theron era joven-.

Sin embargo, como es público y notorio, Hollywood tiene un reverso tenebroso, y es también el lugar donde muchos fracasan. Es también el sitio donde se agolpan más historias de auge y caída, quizás las más dolorosas. A este respecto, Sanguino reproduce unas palabras de la actriz y directora Tina Fey: “La gente se acostumbra a no tener dinero. Pero una vez que lo has tenido, nunca te acostumbras a vivir sin él”. Señala además que “hay antiguas estrellas que se pasan la vida intentando regresar a la fama”, lo que relaciona con el narcisismo del mundillo.

Hollywood, ¿tierra de tolerancia?

En un plano más general, Hollywood es –al margen de lo que nos venda con su brillantina y su lluvia de estrellas- un lugar en el que se dan cita mucho de los problemas sociales de Estados Unidos y de todo el mundo. Sobre ellos también ha escrito el articulista: son temas como la homosexualidad reprimida de muchos actores, la falta de sexo en el cine americano o la independencia femenina –asunto sobre el cual Sanguino reflexiona en un escrito sobre el papel negativo que Disney ha jugado al respecto-.

Cuando habla de su trabajo abordando estos temas más serios, afirma que “la gente agradece que mantenga mi estilo jocoso y el humor, que para mí solo puede cruzar límites si no es gracioso”. Sanguino quita importancia a su trabajo, y afirma: “Aunque películas como Philadephia han influido de forma trascendente en la sociedad, hay que tomarse el asunto con cierta calma, a fin de cuentas el cine es un entretenimiento”.

Cara a cara con los ídolos

Otra de sus facetas es la de entrevistador, lo que le ha permitido estar cara a cara con nombres como Ethan Hawke, Benicio del Toro, Emily Blunt o Alejandro Amenábar. A la pregunta de ¿qué se siente cuando estás frente a las figuras que admiras?–irónicamente él está en la posición contraria durante esta entrevista-, responde que “algo nervioso por el valor que doy a la mitomanía”. Apunta además que a veces se siente “prescindible” en estos encuentros. “Lo más difícil es buscar buenas respuestas y ser punzante sin herir”, explica.

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Ethan Hawke durante la pasada edición del Festival de San Sebastián.

No obstante, hay factores que no dependen tanto del entrevistador. La actitud de los entrevistados y las circunstancias del encuentro son vitales para que la publicación adquiera valor. Lo explica Sanguino cuando dice que “conversas con profesionales y gente que no lo es tanto. Al final depende del día y del tiempo que te den. Nunca suelen dejarte más de media hora si eres de prensa internacional. No hay tiempo de generar intimidad, el entrevistador decide el rumbo de la conversación y el interés que tendrá”.

Pese a las barreras culturales e idiomáticas, la entrevista puede ir un paso más allá y convertirse en un diálogo fascinante. Pero, paradójicamente, esto no siempre tiene por qué ser bueno. No en vano, Sanguino relata que con el cineasta Paul Verhoeven (director de Robocop, Starship Troopers o Showgirls), mantuvo una maravillosa conversación de la que ambos disfrutaron. Sin embargo, al transcribir la entrevista se percató de que no había logrado contenidos interesantes.

Los Oscar, más que unos premios

Vemos otra faceta de Juan Sanguino en el podcast La Sexta Nominada, perteneciente a la web PremiosOscar.Net. En el mismo analiza la temporada de premios, que tiene su conclusión en la gala de los galardones cinematográficos más importante del planeta. Señala Sanguino que el éxito de este podcast se debe a que, tanto él como su compañero Daniel Martínez Mantilla, han conseguido situarse en el punto intermedio de las conversaciones sobre cine: “ni somos elitistas ni parece una conversación de barra de bar”, afirma.

Sanguino aprovecha para explicar el origen de su pasión por estos premios, que él mismo califica de “absurda”. Señala que “a todos nos gusta la competitividad, y son además una criba de muchas de las películas que pasarán a la posteridad”. Da importancia también “a toda la parafernalia que los rodea, y a lo bajo que las estrellas están dispuestas a caer por un Oscar o una nominación”.

Cine marginado

Otra de las pasiones de este cronista de la bajeza de las élites son un determinado tipo de películas que muchos denominan placeres culpables. Son cintas consideradas de mala calidad por crítica y público, pero convertidas por un determinado grupo de seguidores en auténtico cine de culto.

Sanguino lo ejemplifica contando sus vivencias con Showgirls, película de 1995 del mencionado Paul Verhoeven –de la cual consiguió publicar un artículo tras mucha insistencia-. Explica: “conozco las carencias del filme, pero si algo me gusta no puedo considerarlo malo. Además, si veinte años después la gente sigue recordando la película, aunque sea para criticarla, algo bueno debe tener”. El periodista señala que muchas veces el desprecio a este tipo de cine se debe a su marcado carácter femenino. Argumenta que “nadie se disculpa por amar La Roca o Armageddon, pero estás casi obligado a ello si te encanta El guardaespaldas”.

Explorar otros territorios

Pero además de analizar lo que se esconde tras el brillo de los astros hollywoodienses, Juan Sanguino ha escrito en medios como El País sobre asuntos más variados. Algunos de estos temas han sido el culto extremo al cuerpo, o la historia de un despiadado empresario farmacéutico al que calificó como “el hombre más odiado del mundo”, Martin Shkreli.

Afirma que ha preferido especializarse en cine, sacrificando el contacto con otros campos, y que por ello se decanta por centrarse en el séptimo arte. Estos artículos son encargos. No obstante, no ve esto como necesariamente negativo. Apunta que estos trabajos le obligan a salir de su “zona de confort”, pero ello también le obliga a documentarse más en profundidad y le hace “mejorar”. “Lo disfruto menos pero acabo incluso más orgulloso que de costumbre”, concluye.

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La actriz Elizabeth Berkley y el director Paul Verhoeven durante el rodaje de Showgirls.

Cuando acaba la conversación, queda más claro qué es lo que Juan Sanguino quiere mostrar en sus trabajos, y cómo desea hacerlo. Es un objetivo ambivalente: descubrir las entrañas de Hollywood y su lado menos glamuroso, a la vez que realiza una defensa de un mundo al que se menosprecia desde las posiciones más elitistas. Y lo más valioso es que intenta trasmitir sus posturas desde el humor, la ironía y el trato de igual a igual al lector. En definitiva, escribe desde el polvo del suelo sobre las estrellas más lejanas.

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