Auschwitz

Pórtico de Auschwitz donde se puede leer la frase “Arbeit match frei”, “el trabajo os hará libres”.  Pietro Dal Molin 

JOSE RODRÍGUEZ, Varsovia

Llegar a Auschwitz no impresiona. Nada. Esperas sentir cómo los pelos se le ponen de punta, cómo hay una energía extraña en el ambiente, pero no. La aproximación es bastante normal. Unos pocos kilómetros antes, un Mcdonalds y un centro comercial te recuerdan que la memoria tiene una importancia inferior al dinero. Circulas paralelo a la vía del tren. Sabes para qué se usaban esas vías y lo que llevaban. Se te hace un pequeño nudo en la garganta. Sin embargo, una vez te bajas, la primera imagen es extrañamente normal. Y tiene una explicación. Auschwitz se emplazó en su posición actual debido a que aquel recinto antes era un cuartel de la caballería polaca en el siglo XIX. A la veintena de edificios ya construidos de los que se apropiaron, había que añadir unos 40 km2 de tierra despobladas que eran usadas para las prácticas de los reclutas y que los nazis explotaron. La presencia de edificios previos les ahorraba costes y tiempo así como la zona despoblada alrededor dificultaba tanto las posibilidades de huida de los presos como la posibilidad de atraer a curiosos. Los edificios estaban pensados para la vida. Son de ladrillo, con electricidad y con agua corriente. Hay retretes en el interior y se conservan en su gran mayoría. Estos mismos edificios eran usados tanto por presos como por funcionarios de Auschwitz, aunque obviamente las condiciones diferían mucho entre los primeros y los segundos. Otro de los motivos por los que la localización de Auschwitz se decidió fue la cercanía con el río Vístula. Se sabe que muchas veces, los cuerpos de los presos eran lanzados al río. Cuando este tiene poca agua, se siguen encontrando trozos de huesos en su cuenca.

No obstante, todo cambia cuando cruzas el pórtico original. Donde realmente empieza Auschwitz. La frase “El trabajo os hará libres” te recibe del mismo modo que recibía a los ignorantes presos muchos años atrás; otro ejemplo más de lo deliberadamente macabros que podían ser los nazis.  La visión más académica sobre Auschwitz dice que el campo en sus orígenes no era un campo de exterminio, sino de trabajo. No obstante, esta explicación es engañosa. El fin de Auschwitz fue exterminar desde el principio, el trabajo tan solo era el medio de hacerlo y obtener beneficios al respecto. Impresiona el silencio que impera en los edificios, en las calles que conforman el complejo, en la plaza donde mientras la banda tocaba, los presos eran reunidos cada amanecer y cada anochecer para ser contados. Los propios reclusos debían arrastrar a sus compañeros fallecidos durante el trabajo para que estuvieran presentes en el recuento. Si uno faltaba, se obligaba a los cautivos a esperar de pie hasta que apareciera. El record de espera estuvo en una noche completa. Si un preso conseguía escapar, eran sus compañeros y familiares los represaliados.

El campo empezó a funcionar en mayo de 1940. No obstante, los primeros ocupantes del mismo no fueron judíos, sino presos políticos a los que se consideraba potenciales líderes de la sociedad polaca: abogados, profesores, miembros de sindicatos o partidos políticos; así como “elementos asociales”, como consideraban a homosexuales y gitanos. Auschwitz tenía capacidad para unas 20.000 personas. Se calcula que, durante el primer año, pasaron por el campo alrededor de 100.000 presos. En 1.941, se aprobó la solución final para eliminar a la raza judía. El problema: Auschwitz solo contaba con una incineradora. No tenía los recursos suficientes para cumplir con los niveles de mortandad que requería el gobierno alemán.

Auschwitz- Birkenau

En 1941, 50.000 presos ucranianos y rusos fueron enviados desde el frente oriental a Auschwitz. De ellos, 10.000 fueron enviados en invierno a 3 kilómetros del campo, ¿el objetivo? Construir un nuevo campo que acelerara el extermino de los presos judíos. De estos 10.000 presos iniciales, solo 96 sobrevivirían.

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Vista Aérea Birkenau

Si la capacidad de Auschwitz era de 20000 personas, en Birkenau se llegaron a alojar 100.000 presos. La extensión era 3 veces mayor que el campo. Este era un campo de exterminio y no de trabajo. En Auschwitz solo había una incineradora; en Birkenau había 4 con la capacidad de eliminar a la vez a 2.500 personas. A diferencia de los edificios de Auschwitz, en el nuevo campo los presos eran alojados en establos alemanes. En el espacio donde se suponía que debían de convivir 52 caballos (aún se conservan las argollas de hierro donde se suponía que debían ser atados en los barracones supervivientes), vivían 774 personas. Por motivos de presupuesto, los administradores de Auschwitz decidieron que, en el espacio que se suponía que debían ocupar 3 presos, finalmente se alojaran 9. Los establos de madera ofrecían una nula protección en invierno en una región en la que se pueden alcanzar los 20 grados bajo cero con cierta asiduidad en los meses de diciembre y enero. La lluvia y la nieve se colaban y embarraban el suelo. Sin embargo, según los supervivientes, lo peor era el verano: enfermedades y bichos campaban a sus anchas. Apenas había 4 cubos repartidos por el barracón para los 400 presos, agotados por el hambre, las palizas y las malas condiciones de trabajo. El otro único momento para realizar sus necesidades eran 10 minutos antes del trabajo donde los presos eran hacinados en unas letrinas con unas condiciones insalubres.

Una estancia en el infierno

El proceso para recibir a los “deportados” (así los denominaban) estaba marcado por las intenciones de mantener la calma. Los judíos habían recibido la orden de transportar con ellos sus pertenencias. Se les permitía llevar entre unos 30 y 50 kilos de carga. Una vez llegaban al campo de concentración, se separaban en dos columnas a hombres y mujeres y niños con el pretexto de que iban a ducharlos y desinfectarlos. Si algún preso montaba un escándalo, los miembros de la SS se lo llevaban detrás de un tren y lo ejecutaban al instante. Se tiende a pensar que no eran incidentes frecuentes, puesto que hay fotos en las que se ve que apenas un par de guardias controlaban a los pasajeros de un tren entero. Primero avanzaban los hombres, el doctor les examinaba: si eran aptos para trabajar, movía el pulgar para un lado y el hombre pasaba a formar parte del cuerpo de trabajadores de Auschwitz, como si del coliseo romano y del emperador se tratase. Si no, iba directo a las cámaras. Entre las mujeres y los niños, solo las mujeres jóvenes tenían una remota posibilidad de sobrevivir. En ocasiones, los presos que recogían los bienes intentaban que las mujeres jóvenes abandonaran a sus hijos con alguna anciana para que esta tuviera una oportunidad. Los únicos niños que conseguían sobrevivir eran los gemelos y algunos seleccionados por el doctor personalmente. Estos eran usados para hacer experimentos.

Los seleccionados procedían a ser registrados en el archivo del campo. En un primer momento, se les hacían fotos, pero pronto se abandonó el metro puesto que pocos meses después, los prisioneros estaban tan famélicos que era imposible reconocerlos. Se pasó a tatuar con un código a cada uno de los presos con el mismo código que aparecía en la vestimenta. Asimismo, en la vestimenta se les colocaba un distintivo en forma de triángulo en función del “crimen” del que estuvieran acusados.

Los presos, como ya se ha indicado, vivían en unas condiciones lamentables pensadas para que murieran  en poco tiempo. Los castigos eran atroces. Los presos que se derrumbaban en el trabajo o trabajaban demasiado poco eran castigados con pasar la noche de pie fuera de los barracones. Obviamente, al día siguiente seguían sin estar en condiciones de trabajar. Los enfermos eran enviados al hospital del campo donde el doctor les inyectaba alcohol en el corazón y morían instantáneamente. No obstante, los peores castigos se producían en el Bloque 11. Era una cárcel dentro de Auschwitz. En ella, se metía en los presos en celdas para su muerte por inacción. El peor de los castigos eran las denominadas celdas negras: 9 metros cuadrados donde se metía a más de 40 personas de pie y se les dejaba morir. En este bloque también se celebraban “juicios” por crímenes como robar comida o algún comportamiento inapropiado. Los presos debían presentarse desnudos. Siempre eran declarados culpables y al salir del edificio eran fusilados en el muro (cubierto con caucho para amortiguar el ruido). Al principio se les fusilaba con un pelotón, pero pronto les pareció un gasto estúpido de tiempo y personal. Desde entonces, un soldado con un arma corta iba preso por preso poniéndoles la pistola en la frente y apretando el gatillo. Aún se conserva parte del muro donde se puede ver la marca de las balas. La persona más joven en sufrir uno de estos “juicios” fue una  niña de 11 años.

Dentro del campo, había distintos tipos de presos. Los denominados Kapos eran presos con privilegios especiales. A ellos se les encargaba la gestión de los barracones, la comida así como la vigilancia de los presos. Eran a veces delincuentes comunes y otras incluso judíos que, a cambio de unos privilegios, ayudaban a los nazis. Tenían un gran poder del que solían abusar: violaciones sexuales, muerte de rivales por crímenes inexistentes o reparto desigual de la comida asignada al barracón. Asimismo, con el tiempo se crearon entretenimientos para estos presos con los que incentivarlos a cumplir su misión como un burdel.

El grupo de presos más tristemente célebres son los Sonderkommando. Este grupo de jóvenes presos era mantenido al margen de sus compañeros. Eran quienes acompañaban a los presos a las cámaras de gas y, una vez estas mataban a los presos, tenían que trasladarles a la incineradora o, en caso de que esta estuviese saturada, quemarlos fuera. No obstante, previamente eran obligados a revisar la boca de los presos en busca de dientes de oro así como los anos y vaginas de todos los fallecidos por si ocultaran algo de valor ahí. También estos presos eran encargados de afeitar a los presos, puesto que el pelo de estos era vendido. De acuerdo a la documentación encontrada en la época, el precio rondaba el medio marco por kilo de pelo. Los soldados del ejército rojo que liberaron el campo se encontraron con 7 toneladas. Una muestra se recoge en una de las salas del museo de Auschwitz donde están prohibidas las fotografías. El pelo se usaba para confeccionar mantas y abrigos para el ejército alemán. Durante el verano de 1.942, los miles de cuerpos enterrados en fosas alrededor de Auschwitz empezaron a pudrirse y a oler. Los nazis hicieron a los presos desenterrar los cuerpos putrefactos y quemarlos. Muchas veces, los huesos restantes eran usados como fertilizante de los campos. Aún se encuentran dientes y otros fragmentos cuando las lluvias desplazan las tierras.

En muchas ocasiones, los Sonderkommando se veían en la obligación de conducir a la muerte y retirar el cuerpo de familiares y amigos. No podían revelar nada, puesto que hubieran sido ejecutados al instante. La duración de la vida de uno de estos presos no alcanzaba los 4 meses. En ese periodo, se decidía que sabían demasiado y eran fusilados.

Canadá

La otra cara de la moneda eran los trabajadores de los almacenes. Estos prisioneros se dedicaban a recoger los bienes que traían las personas que llegaban al campo y clasificarlos para su posterior venta a cargo de los nazis. En el almacén de Auschwitz se encontraron más de 500.000 prendas de ropa. El almacén de Birkenau fue destruido. Era del tamaño de todo el campo de concentración de Auschwitz. No obstante, los presos que trabajaban en estos tenían más posibilidades de sobrevivir. Por ello, haciendo gala de un curioso humor negro, llamaron Canadá al campo. Este país era el ejemplo que usaban entre ellos de lo que se podría llamar “el paraíso”, un país tolerante con los judíos y alejado de la guerra y los bombardeos.

La solución final

Antes de llegar a las duchas con el gas Zyclon B, los nazis probaron con otros métodos para llevar a cabo la solución final. Siguiendo el protocolo que se utilizaba con los discapacitados en Alemania, durante un tiempo se tapiaron casas de campo y. una vez encerraban a los judíos, ponían varios tubos que estaban conectados al tubo de escape de unos camiones y los mataban con el monóxido de carbono. No obstante, era un proceso lento y laborioso por lo que había que buscar una forma más eficaz. Esta fue el Zyclon B.

Las pruebas para el Zyclon B no fueron un proceso de laboratorio, los judíos no merecían el esfuerzo, según los alemanes. Las autoridades de Auschwitz simplemente encerraron a 800 prisioneros en las celdas del sótano del bloque 11. Un grupo de alemanes entraron y depositaron dos latas del gas que abrieron. A las 24 horas, volvieron a bajar. Algunos judíos aún agonizaban. Dejaron otra lata y esperaron otras 24 horas. Nadie sobrevivió esta vez. Algunas personas estuvieron más de 30 horas asfixiándose. Mediante este sistema perfeccionaron las cantidades. Con 7 kilos de Zyclon B, se mataba a 2.000 personas. Hay registros que indican que a Auschwitz  se mandaron, al menos, 2 toneladas del gas. Una vez en la cámara, los niños morían en segundos, había personas que podían llegar a aguantar hasta 25 minutos. Cada cámara de Birkenau permitía matar a 2.500 seres humanos a la vez. Había 4. Se ordenó que fueran desmanteladas y voladas por los aires para no dejar pruebas. No obstante, dado que la incineradora de Auschwitz en la época se usaba como almacén, no fue volada y es posible visitarla, adentrarte en los mismos cuartos donde se gaseó e incineró a decenas de miles de judíos.

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 Botes de Zyclon B expuestos en el museo de Auschwitz

No se puede saber el número exacto de muertos en Auschwitz. La documentación fue destruida y en muchos casos ni existió, puesto que nada más llegar al campo en trenes, los presos eran asesinados. Se calcula que 1.300.000 llegaron a Auschwitz. De ellos, 1.100.000 murieron. Ante la perspectiva de perder la guerra, en 1.944 se incrementó el ritmo de exterminio del campo y se construyeron vías para que los presos llegaran directamente a Birkenau. 200.000 judíos húngaros fueron exterminados en menos de 2 meses. Se estima que del 1.100.000 de muertos, 21.000 fueron de etnia gitana, mientras que 50.000 fueron presos de guerra procedentes de diversos países de la unión soviética. El resto más de un millón fueron judíos. Los trabajadores del campo tenían órdenes de matar a todo morador del campo pero, la cercanía del Ejército Rojo y el conocimiento de las consecuencias que podrían acarrear ser capturados, les hicieron huir abandonando el campo y a los presos demasiado débiles o heridos para ser desplazados a otro campo. Solo se condenó a 750 de los trabajadores de Auschwitz. Se estima que fueron unos 9.000 los miembros de las SS que pasaron por allí. Algunos fueron librados de culpa bajo el pretexto de que solo cumplían órdenes, otros nunca aparecieron. Rudolph Höss, el comandante del campo, fue cogido preso, juzgado y condenado a muerte. Fue ahorcado el 2 de abril de 1947 en el campo de Auschwitz, en frente de donde solía vivir con su familia.

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Placa en la entrada del museo de Auschwitz

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1 Comment

  1. Una precisión: “Arbeit macht frei” no significa exactamente “el trabajo os hará libres”, sino “el trabajo libera”. La traducción con el pronombre es sin duda más literaria, pero bajo mi punto de vista imprecisa con el espíritu del mensaje. Dentro del afán nazi por barrer al pueblo judío está aleccionarlo; la década de los 30 en centroeuropa es un contexto en el que la sociedad judía ocupaba una posición de privilegio, dueños de mucha industria y comercio. Bajo mi punto de vista el matiz de la traducción es importante porque en ningún momento los nazis querían liberar(los), sino dar la lección a todo judío que pasase bajo esas palabras de que ahí conocerían el trabajo real(macht es la tercera persona de machen, el make alemán, una acepción de hacer y trabajar absolutamente manual), no el que hasta ese momento habían desarrollado como empresarios. La liberación, por tanto, no se refiere a ellos como persona, sino que es mucho más perversa: aquí conoceréis el trabajo duro, el trabajo real, antes de morir.

    Sobre esto Stefan Zweig tiene un libro fantástico, El Mundo de Ayer, que retrata la década de los 30 y cómo el nazismo se abre paso en Alemania y Austria. No llega más allá del inicio de la IIGM -Zweig muere en el 42, exiliado-, pero da buena medida de la idiosincrasia fascista.

    Enhorabuena por la redacción del texto, es ágil y entretenido. ¡A seguir así!

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