Miércoles de cine: Captain fantastic

DOLORES GÓMEZ, Madrid

La lluvia me hizo llegar tarde. Entro en la sala cuando todo está oscuro teniendo que buscar mi asiento deslumbrando a los demás espectadores con la linterna de mi móvil. Cuando por fin estoy sentada, veo ante mí un verdor de ensueño que envuelve la pantalla y me traslada a un idilio natural en el que vive una familia de incontables miembros durante los primeros seis minutos de película.

Ya me he perdido una escena de caza que pondría los pelos de punta a los animalistas más entregados. Me encantaría conocer la opinión que le causa esta película a todos aquellos que no contemplan la muerte de animales, cuando en la película lo presentan como un modo de relacionarse con la naturaleza, de participar en el ciclo de la vida y de vivir inmersa en ella, respetándola y conociéndola profundamente.

El planteamiento de la película nos muestra a seis niños prodigiosos que conocen conceptos de medicina, métodos de lucha y pueden leer algunos de los libros que tengo varados en mi mesilla de noche desde hace semanas. No solo eso, sus idiomas, actividad física, pensamiento filosófico y rutina nos llevan a envidiar profundamente ese estilo de vida lejos del incesante ruido de las máquinas y los humos que provocan nuestros conciudadanos.

Viggo Mortensen hace un papel de lo que podría considerarse un padre modelo en la actualidad, aunque quieran presentarlo de peculiar, en el fondo es un padre entregado con sus hijos, atento con sus necesidades, equilibrados en los cuidados… Deja de lado las espadas de Aragorn o de otro capitán muy distinto para empuñar cuchillos de caza y una guitarra con la que amenizar las veladas solitarias en los bosques. A esta familia solo le faltan dos cosas, un perro y una madre.

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Fotograma de la película

El problema central que plantea la película no se hace de rogar, no se trata de la enfermedad de la progenitora ausente, sino de la falta absoluta de capacidades sociales por parte de los niños. Un contrapunto que siempre sale a colación en lo que respecta a los “home schooling”.

El hilo argumental que nos lleva a salir de la burbuja es el funeral de la madre y la fuerza de los niños, en especial del que sabemos que es problemático y que más tarde será la figura clave para presentar el problema principal de forma explícita.

Estos niños que escalan paredes de vértigo reaccionan de una forma completamente humana ante la sinceridad aplastante de su padre. He aquí uno de los debates que saca a la palestra este filme: no hablamos abiertamente de ciertos temas con nuestros niños que no deberían serles ocultados. A raíz de este comportamiento se generan tabús y vergüenzas, falsos mitos y cotos a la hora de expresarnos cuando somos adultos. Tratar a los niños como niños es importante, pero no como imbéciles. En muchas ocasiones son perfectamente capaces de comprender conceptos como el sexo o la muerte si se les habla de forma abierta y no perciben en los mayores que es algo molesto o incómodo.

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Esto entronca con un debate diferente que trajo un reciente corto de Pixar. El corto titulado “Borrowed time” ha sido criticado por olvidar que hay niños ante la pantalla. (http://elpais.com/elpais/2016/10/20/icon/1476954950_903605.html) Resulta que un corto de animación en el que muere un hombre por un accidente con un arma no es apropiado para la infancia que estamos criando. Los niños de hoy en día deben ver “Baby Einstein” para ser muy cultos de mayores. Los niños son niños y su inocencia es un tesoro, pero sobreprotegerlos y dar por hecho que hay ciertas cosas que no pueden comprender antes de intentar explicárselas no parece la mejor forma de forjar una sociedad con valores y conocimientos. Ahora surge un punto en el que sí que estoy de acuerdo con “Capitan fantastic”, todo esto se mama en casa y las personas que nos educan en nuestro día a día son las que deben hacerlo posible.

El resto de las “peculiaridades” de la familia se nos van descubriendo a lo largo del viaje rumbo al funeral. Permitidme que diga peculiaridades con cierto retintín, porque tras conocerlos podíamos imaginarnos las posturas que tomarían respecto a la religión, las empresas, el gobierno de los Estados Unidos y demás ideales de izquierdas, que a excepción del tratamiento animal y la utilización de armas, se corresponden con bastante exactitud con los ideales morados que pigmentan nuestro país; debo decir que adoro el Día de Chomsky y que tengo intención de añadirlo a mi calendario como fiesta de rigor.

Decidir qué queremos que ocurra con nuestros cuerpos cuando nos muramos, podemos hacerlo, pero jamás sabremos si fue así. Y “qué más dará”, o al menos eso debería pensar aquel que decide que quiere que se le tire por un wáter. En este sentido la obstinación que presenta el personaje no me parece coherente con la idea de que el lugar en el que yazca el cuerpo no es en sí importante.

El clímax de la película llega sin duda cuando (después de que se vuelvan súper héroes y hagan algo tan increíblemente imposible como sacar un féretro de una tumba sin ayudas mecánicas) nuestro cuerpo se pone en tensión si saber exactamente por qué. ¿Acaso no han hecho cosas mucho más fantásticas que andar por un tejado? Y sin embargo los autores de este largometraje saben hacernos anticipar el momento del desastre alargando la escena de forma innecesaria, mostrándonos detalles sin banda sonora y sin querer nuestro subconsciente pone en marcha los parámetros institucionales sobre la imagen en movimiento y anticipamos la catástrofe antes de que ocurra. ¡Qué listos estos de Hollywood!

Los propios niños se vuelven contra el sistema del antisistema y ya anticipamos el final que sabíamos desde el principio. Cuando los dos actores principales se deshacen de un poco de pelo, ya se nos ha simbolizado el cambio; ya está casi todo hecho.captain-fantastic-2.jpg

La escena de la incineración es sobrecogedora: te sobrecoge la canción, la alegría, el ritual, el escenario… y aunque sigo sin estar de acuerdo en que le den tanta importancia al final del cuerpo (podían haber hecho todo eso sin él), la escena es sin duda una de las más hermosas, junto a la del horizonte con una puesta de sol por el que pasa rápido Steve.

Me gusta que se presente la idea de que todo en su justa medida es mucho más sano que las ideas radicales de cualquiera de los extremos, pero el final no me resulta del todo satisfactorio: buscado para que salgamos felices del cine dejando de lado los temas de prejuicios, educación, sociedad…

Estas dos horas de composición audiovisual nos provocan risa, tensión, tristeza, sentimiento reivindicativo, rechazo, admiración, deseo de salir del cine y ponerte a leer o a tocar la guitarra o a intentar hacer ambas cosas a la vez. En este aspecto la película es completa y transversal. Te hace reflexionar y disfrutar dentro de los parámetros del cine americano, de la industria cultural americana y del capitalismo que me hace pagar un precio, a mi ver desmesurado, por disfrutar de una película que critica todo esto, pero no muy en serio. ¿Qué busca, entonces, este argumento si no es movernos a cambiar los parámetros de nuestra sociedad? ¿Recaudar dinero y entretener? Eso me resulta demasiado decepcionante y no concuerda bien con el buen sabor de boca con el que salgo del cine.

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