Fracaso electoral universitario, 2016

Las elecciones a delegado en la URJC se ven afectadas por el desinterés de los alumnos

El pasado jueves 20 de octubre se celebraron, como en todas las universidades españolas, elecciones a Delegados de Grupo en la Universidad Rey Juan Carlos. Este proceso es uno de los más importantes de participación en la vida y en el gobierno universitario, pues sirve para elegir a los compañeros que representarán los intereses y los derechos de los alumnos ante la institución.

En el colegio pasaban desapercibidos, ya que eran una tarea que no tenía ninguna recompensa. La diferencia entre el delegado de grupo de un colegio con el de una universidad es que en las facultades rige un sistema democrático, por lo que los representantes cuentan.

Sin embargo, estos últimos comicios dejan unos resultados desastrosos, de las más de 200 clases que existen en la URJC, gran parte de ellas no ha tenido urna propia. ¿La razón? No había candidatos, o los que habían eran únicos, es decir, sin candidatos alternativos.

El único resultado que se puede sacar con certeza de estas elecciones es que han sido un fracaso democrático por la falta de participación. Cuando la gran parte de los alumnos –que son la mayoría de la comunidad universitaria— no votan para elegir representantes, la universidad consigue algo peligroso y contraproducente a largo plazo: que los alumnos se alejen de la universidad y se cree un desencanto en la institución.

Podría deberse a muchas cosas, desde la falta de información por parte del alumnado hasta la poca recompensa que ofrece la institución a los delegado, aunque la universidad ofrece una gran cantidad de créditos por serlo. La cuestión entonces es si la universidad motiva a sus alumnos a presentarse.

Las campañas electorales no existen en la URJC: no hay carteles, no se hacen debates… y al final, las propuestas, planes y proyectos que lanzan y prometen a sus compañeros caen en saco roto. Demasiada burocracia, ¿o quizás poco interés?

Sea la razón que sea, que los alumnos no tengan interés en participar en la universidad no beneficia a nadie: ni los estudiantes sienten suya la universidad, ni se involucran en todo lo que ofrece la facultad, ni la universidad consigue que exista esa “vida universitaria” de la que presume.

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