El bofetón y la nostalgia

GUILLERMO HORMIGO

Es difícil saber qué busca un espectador cuando se sienta frente al televisor. Pero aún más complicado es saber qué debería buscar. En un medio en el que ciertos programas redefinen el machismo y se lo entrega a los jóvenes con brillantina, las críticas pueden alcanzar un punto en el que se conviertan en meros prejuicios. Un ejemplo lo tuvimos el pasado domingo 16 de octubre. La polémica surgió por la confrontación de “Astral”, el documental de Jordi Évole sobre los refugiados emitido en laSexta; y “Operación Triunfo: El Reencuentro”, la reunión de los exconcursantes del fenomenal fenómeno que fue OT1 en TVE.

“Salvados” es uno de los escasos formatos televisivos nacionales aplaudidos –casi- unánimemente. Con “Astral”, el programa de Jordi Évole había creado unas expectativas inusitadas, con un estreno previo en cines incluido. No todos los días podemos ver en nuestros televisores un documental exhaustivo sobre la crisis de refugiados del Mediterráneo. Una mirada también a la labor de algunos de los españoles que cooperan en Lesbos, a través de la historia del barco Astral.

El resultado en audiencia, teniendo en cuenta el tema tratado y el tono del programa -alejado de cualquier sensacionalismo-, fue muy destacado: 2,7 millones de personas sintonizaron LaSexta la noche del 16 de octubre. Pero hubo algo que impidió al espacio de Évole liderar la franja de primetime.

Un fenómeno que cambió para siempre la televisión en España -es difícil decir si para bien o para mal-. Un concurso que fue mucho más que un concurso y que, al menos en su primera edición, resultó como mínimo un espectáculo intachable y real. O al menos todo lo real que puede ser un formato de sus características. Casi 5 millones de personas revivieron la que quizá sea la mayor fiebre televisiva de la historia de España. La fiebre por “Operación Triunfo”, un programa en el que, a diferencia de lo que ahora ocurre, sus participantes eran primero personas, después cantantes y por último concursantes.

El duelo entre el primero de los tres especiales sobre el reencuentro de los 16 exconcursantes del talent y el necesario documental de “Salvados” no dejó indiferente a las redes. Dio lugar a un debate mucho más interesante de los que suele provocar la –a veces- mal llamada caja tonta. Más interesante, al menos, que los de “Gran Hermano” y los de Inda y compañía.

Argumentaban varios twitteros –algunos muy conocidos, como BobEstropajo- que es indignante que, mientras una cadena privada hace una encomiable labor de servicio y periodismo como fue “Astral”, la televisión pública siguiera prostituyendo la nostalgia con recuerdos de un programa de hace 15 años.

Y no seré yo el que actúe de abogado del diablo, de una RTVE convertida en un instrumento de propaganda sin un ápice del alto crédito que consiguió con el gobierno anterior. Precisamente por la cantidad de aberraciones que ha cometido este organismo que todos pagamos, me parece gratuito el ataque por ofrecer un entretenimiento honesto y alejado de estridencias. Por mucho que coincidiera con la emisión de un espacio mucho más trascendente y valioso.

Aún menos entiendo los menosprecios a quienes escogieron con total libertad ver a Rosa, Bisbal, Chenoa y compañía. ¿Es alguien de verdad peor por escoger, en una noche determinada, un programa de entretenimiento a uno de denuncia social? ¿Todos los que vimos “Astral” somos automáticamente mejores personas? ¿Por qué seguimos creyendo, con las tecnologías que existen actualmente, que es incompatible el visionado de ambos programas?

No fuimos pocos los que nos indignamos con “Astral” y al día siguiente nos emocionamos con el reencuentro de los despectivamente llamados triunfitos. Muchos hicieron al revés, igual de lícitamente. Como lícito es no ver “Astral” –o incluso “OT”, que por lo visto hay un señor en Cuenca que aún lo tiene pendiente-. No hay que elegir entre un tortazo de realidad y unos preciosos recuerdos que son pura televisión.

Porque, en definitiva, es posible irte una noche a la cama maldiciendo a las autoridades europeas y a la siguiente acostarte cantando el “Europe ´s living a celebration”.

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